Furaco y Pablo, machos alfa
Algunos impresentables e irrespetuosos homínidos, opino que muy injustamente, han denigrado a Pablo Iglesias, tachándole de pícaro de la chepa, machista de libro, pillastre de Galapagar, señor de la mugre, antítesis de la elegancia, vulgar comunista, alfeñique intelectual, rompe patrias, adefesio sin paliativos, sinvergüenza, miserable, sedicioso, piltrafilla, chulo, intransigente, basura...
Él, que lo pasa en grande revolcándose en el barro de la provocación, la incorrección y el insulto, ha echado más leña al fuego autodefiniéndose como petimetre; es decir, ha dicho de sí mismo que es, según la RAE, un lechuguino, presumido, figurín, snob, dandi o pisaverde (presuntuoso me parece).
Obviando la inquina y mala baba de los objetores del principio, me quedo con el objeto, que no es otro que Pablo Iglesias Turrión.
Este machista impenitente, también autodefinido como macho alfa (recuerdo cuando refiriéndose a un parlamentario europeo, supuesto acosador de Dina Bousselham –sí, la misma Dina– soltó aquello de “le voy a romper la boca. Vais a ver lo que es un macho alfa cuando acosan a alguien de su grupo”), a este machista impenitente, digo, que ríe, alardea y pregona sus andanzas donjuanescas, las mismas féminas que antaño le ensalzaban y rendían pleitesía empiezan ahora a no pasarle una porque intuyen que a Pablo y su sex appeal le quedan dos telediarios (en la Sexta, por supuesto).
Me recuerda la “parábola” del afamado semental cántabro, conocido como “Furaco”, que no fue capaz de triunfar en su afán de inseminar a las “feministas” osas “Paca” y “Tola”. Incluso, en su segunda intentona, las osas astures, agraviadas por la insistencia y petulancia del plantígrado, le atacaron con furia, propinándole una severa paliza, que hizo que “Furaco”, humillado y dolorido, retornara a su Santander natal, donde, dicen, recobró la autoestima perdida y ejerce con alegría y vitalidad su condición de macho alfa.
De hecho, el presidente de la comunidad cántabra lanzó entonces balones fuera, dando la cara por su semental: “‘Paca’ y ‘Tola’ no estuvieron a la altura”, declaró. No cuela, Revilla.
Eso en lo que a hembras se refiere; en cuanto al resto de machos beta podemitas, empiezan también a enseñarle los dientes al coletudo macho alfa, defraudados por su preocupante pérdida de apoyo entre la ciudadanía, y la incógnita del ¿qué hay de lo mío?
Me recuerda al domador Ángel Cristo, a principios de los noventa, en Barcelona, cuando en plena actuación tres leones y un tigre con los que compartía sociedad se lanzaron a por él; salió vivo de milagro y hecho un cromo, con seis costillas rotas y zarpazos en extremidades, cuello y tronco. Aun así, cuando se recuperó volvió a intentar domarlos (singularidades del que se reconoce macho alfa) y nuevamente le machacaron.
El circo de Iglesias se va quedando sin extras por falta de expectativas, y solo es cuestión de tiempo que se vea obligado al cierre definitivo de este espectáculo gratuito, por y para el pueblo.
Una leyenda urbana del calibre de los cocodrilos ciegos que viven en el alcantarillado de Nueva York predice que Pablo no va a nacionalizar los puestos de pipas, ni va a digitalizar las cartillas de racionamiento, y lo que es peor, no se comerá el turrón en el Gobierno ni, ojo, en Galapagar. Ay, Dios, que nos vemos en Vallecas, Pablo.
Con enemigos en todos los sectores sociales, inquietud y divergencias con los suyos, la crisis acuciante, Europa que “no ayuda”, meigas en Galicia y País Vasco, sin crédito electoral ni moral, con tantos sinsabores... a Pablo, la verdad, se le ve jorobado.
Saludos cordiales.
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