Miserable y patético
España ha sufrido, junto al resto del mundo, la mayor catástrofe humanitaria y económica después de la Guerra Civil. Más de 28.000 ciudadanos han muerto (muchos en la mayor soledad y sin cuidados paliativos). El Estado tenía (y tiene) una deuda de dignidad hacia ellos y sus familiares. No había mayor prioridad en estos aciagos y turbulentos días. Por ello, el Gobierno preparó y organizó, por primera vez en la historia de la democracia española, un homenaje/funeral de Estado, como corresponde a una sociedad liberada (en parte) de la tutela y de la presencia ubicua de la Iglesia católica y, certificando con ello, lo que la propia Constitución establece, al proclamar la laicidad del Estado español.
El Gobierno anunció el 17 de mayo (dos meses antes) la fecha del homenaje de Estado para que las instituciones y personalidades nacionales y extranjeras pudieran organizar sus propias agendas. Estuvieron presentes (por primera vez en la historia) los presidentes de las 17 CC AA (incluido Quim Torra ¡!); todas y cada una de las instituciones del Estado; los representantes de las instituciones europeas: presidenta del Consejo de Europa, Ursula Von der Layen; presidente del Consejo, Charles Michel; presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli; secretario general de la OMS, secretario general de la OTAN; expresidentes del Gobierno de España... salvo uno... salvo “Él”... salvo Dios (lo de Dios, no es mío, lo dijo en su día Txiki Benegas, su secretario de organización del partido). Problemas de agenda justificó.
Por supuesto, todo el mundo sabe que las agendas institucionales de los líderes europeos y del secretario general de la OMS... son una mierda si se comparan con la agenda de Dios, ¡dónde va a parar! (conferencias, donde cada palabra se mide en euros; descansos de tanto estrés en el yate de su amigo el multimillonario mexicano Carlos Slim; debates con su nuevo “amigo” Aznar). En ello estaba en su finca de descanso de Extremadura, revisando su agenda.
Los expresidentes de Gobierno son instituciones del Estado, por ello conservan el tratamiento de presidentes. No son “jarrones chinos”. Forman parte de la Historia de este país y “sus estatus” les atribuye un comportamiento y obligaciones que, en términos coloquiales, el imaginario colectivo los coloca como “referentes”. Tienen reservado un espacio de preferencia en todas y cada una de las actividades y actos de Estado. “Él” lo sabe, pero está por encima de estas “memeses” terrenales y más si son organizadas por un advenedizo como Sánchez, por eso no acudió al acto. Fue un miserable, no tanto con su presidente de Gobierno, como con los 28.000 muertos a los que se homenajeaba.
Eso sí, al día siguiente, contraprogramando la resaca positiva del histórico acto celebrado en el patio de armas del Palacio de Oriente, apareció “urbi-et-orbi” en TVE (desde su lugar de descanso en Extremadura) para defender a capa y espada al presunto corrupto Juan Carlos I y poner la mano en el fuego por él, después de que el propio Juan Carlos se propusiera “dar un paso al lado” ante el escándalo. Esto no es nuevo en González, hizo lo propio, hace poco tiempo, con Jordi Pujol, “no creo que sea un corrupto”, señaló y hoy los tribunales acaban de determinar que “Jordi Pujol, su mujer e hijos formaron parte de una banda criminal”. Patético.
El periodista de TVE le preguntó: “¿Qué le ha parecido la defensa que Sánchez había hecho, hace unos días, en el Parlamento, de su figura y del legado de sus 13 años de gobierno?” (le reprodujo el corte de la sesión parlamentaria y la caballerosidad demostrada por Sánchez). No contestó absolutamente nada al respecto, esbozo un rictus y se fue por los “cerros de Úbeda” hablando de la ley de Sanidad de 1986. Doblemente miserable.
Ya es hora de que haga las maletas, descargue la pesada mochila de exsocialista y se marche del PSOE. No solo está perjudicando a un Gobierno socialista, sino también manchando el legado de un partido con 141 años de historia. Es más “digna” la postura de su excompañera Rosa Díaz, hoy en la órbita del PP y pronto en la de Vox. Por cierto, no le hemos oído ni una palabra de la utilización que hacen de él, tanto el PP como Vox, parece que se siente cómodo de que Abascal lo defienda y lo ponga en valor... demasiado fuerte para mí... demasiado fuerte para los socialistas que perdieron la vida defendiendo a España del fascismo.
Gijón, 18 de julio de 2020 (¡!Huy, qué fecha!!)
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