Vivencias de un cardiópata durante la pandemia
A finales de febrero, en el control de una enfermedad oncológica, me detectan signos de insuficiencia cardiaca y me remiten a una consulta de Cardiología Oncológica. No podía dar crédito de que se hubiera llegado a un nivel de especialización tan alto. Me recibe la doctora Rebeca Lorca, que diagnostica una insuficiencia aórtica, confirmando un prolapso de la valva y la severidad del caso en la propia consulta con un ecocardiógrafo y la necesidad de una cirugía preferente.
Durante cuatro meses pasé en un estado de ambivalencia, deseando por un lado que se solucionase cuanto antes y por otro esperar a que la situación de la pandemia mejorara, aunque las pruebas se pudieron realizar sin problemas y la vía telefónica fue de una gran ayuda, cuando un buen día me informan de que la operación se programa para el 3 de julio. No podía estar más contento porque la situación para esas fechas estaba ya controlada y al llegar al hospital, unas medidas higiénicas muy estrictas y un mínimo contacto personal, lejos de incomodarme, suponían una garantía de no infectarme; la familia sería informada por el cirujano vía telefónica. Cuando despiertas en la UCI, sorprendentemente no tienes dolor ni incomodidad reseñable, y la doctora intensivista me informa que todo ha ido muy bien, incluso si quiero me pone música de fondo. En 72 horas estás en planta y te encuentras como si nada hubiera ocurrido, y en 10 días en casa, sin precisar más cuidados que una medicación temporal.
Todo este periodo fue para mí un cúmulo de buenas sorpresas. El doctor Rubén Cabo resultó ser un experto nacional en aorta. Se cuentan con los dedos de una mano los cirujanos que en España hacen las técnicas de reconstrucción que me hicieron (técnica de Jacoud), con la ventaja de que no necesitas luego de una medicación crónica. Además, es de una gran sencillez y cercanía, y se le ve siempre muy pendiente de sus pacientes, por lo que mi agradecimiento hacia su persona es infinito. También tuve ocasión de felicitar al jefe de Cirugía Cardiaca, el doctor Silva, por el magnífico equipo de cirujanos de que se ha sabido rodear.
Por su parte, el doctor César Moris ha logrado adaptar a los nuevos tiempos y elevar toda el área de Gestión Cardiológica, con sus diferentes servicios, a unas cotas insospechadas de excelencia.
Por ello deseo aprovechar esta ocasión para felicitar a este “buque insignia” de la medicina asturiana, del que todos nos podemos sentir verdaderamente orgullosos.
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