Fumar en tiempos de mascarilla
A día de hoy se está imponiendo el uso obligatorio de la mascarilla en toda España, si no lo ha hecho ya, porque esto depende ahora de cada comunidad autónoma. Yo, que tengo cierta dificultad para respirar, cada vez salgo menos a la calle: al súper, cundo no queda más remedio, a hacer algo de deporte o a tomar algo en la terraza de un establecimiento hostelero, para los que no es obligatorio el uso de la mascarilla. Y nada más, ni siquiera a la playa voy. Pero incluso la gente que respira bien también llega un momento en que se agobian con la mascarilla porque, en el caso de los seres humanos y los animales, la respiración implica el reemplazo del dióxido de carbono en los pulmones por oxígeno del aire. Si bien el dióxido de carbono no es tóxico ni tan siquiera nocivo para la salud humana, tampoco es útil para la respiración, de manera que altas concentraciones en el aire interior de este gas producen una sensación poco confortable debido a que desplaza el oxígeno del aire y hace que la respiración se vuelva más fatigosa. También ampollas, muerte tisular y gangrena pueden desarrollarse en casos severos. ¿Puede el gas dióxido de carbono dañar los ojos? La exposición a muy altas concentraciones de gas puede provocar una sensación punzante. Inhalación de altas concentraciones de CO2 ha reportado producir efectos en la visión. Bien, pues parte de este CO2 es lo que volvemos a inhalar con la mascarilla puesta, porque no le ha dado tiempo a salir de la misma cuando volvemos a respirar. Vale, pues ahora imagínense que van por la calle y se cruzan o les rebasa por la tangente una persona que va sin mascarilla y fumando. Si además de respirar mal con ella tenemos que tragarnos el humo de los cigarros de otra gente, apañados vamos. Y no digamos cuando estamos en una terraza y en la mesa de al lado hay alguien fumando pegado a ti, o alguien que comparte tu mesa. Y el colmo de los colmos es cuando entre calada y calada, sobre todo “les muyeres”, se colocan el “cigarette” detrás de la espalda para que no les moleste el propio humo que están generando. Pero ya sabemos que en este país primero soy yo, después yo y siempre yo. ¿Y luego? Luego, también yo. El del al lado, ¡que se aguante! (traducir “aguante” a discreción). Bien, pues yo, desde esta tribuna, ruego encarecidamente a quien corresponda (no sé si a Adrián Barbón o a su amigo Pedro Sánchez) “prohíba” fumar en cualquier sitio de la calle mientras el uso de las mascarillas sea obligatorio. Yo, la verdad, lo prohibiría para siempre: el que quiera fumar, que fume en su casa, pero no tiene por qué envenenar al resto de la gente que no es fumadora y que, afortunadamente, cada vez somos más.
Y todo esto lo digo sin acritud.
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