Coronavirus en Educación
Viví en plena dictadura. Mis padres eran maestros. Cursé Filosofía y Letras en la década de los 60. Los jóvenes participábamos con vehemencia en múltiples encierros, manifestaciones y persecuciones de los “grises”. Teníamos la ilusión de lograr una democracia, un futuro mejor para nuestros hijos. ¿Lo habremos conseguido?
Durante el confinamiento, todos hemos tenido tiempo a reflexionar, no sospechábamos las devastadoras consecuencias de una pandemia a nivel mundial. Personalmente valoro más las cosas sencillas, por eso hace unos días me fui a Redes, para disfrutar del paisaje asturiano. Hice un receso en Pola de Laviana para tomar algo. Aunque se cumplía la distancia de seguridad, tuve que oír a un grupo de personas que voceaban. Sucintamente intentaré explicitar lo acaecido. Una chica dijo: “Esta la pago yo, va por la inspectora, ¡por fin nos libramos de ella! ¡Qué bien que ascienda! Está claro, huye de la tiza como de la peste, desde que el año pasado por “dedocracia” fuera presidenta de Tribunal, está insoportable, si vas con una queja te espeta: ¡La que manda soy yo!
”Hace años, cuando daba gimnasia, iba pregonando que tenía un amigo, ahora un alto cargo, que la iba a enchufar para ser inspectora, pero primero tenía que ser directora. Sí, eso es vox populi, porque ella se encargaba de presumirlo. Además va de diosa, cuando solicitamos firmas para destituirla, soltó con displicencia: ‘A mí nada me puede pasar, haga lo que haga me van a ascender’”.
Llegué a casa y consulté el BOPA, en efecto, los datos de la convocatoria eran ciertos. El nombre de la susodicha también lo encontré, ¿será cierto que la plaza ya está dada? No lo sé, pero lo voy a comprobar y si sale “bingo” os lo cuento por este medio.
Quizás lo que allí escuché haya sido producto de la casualidad, ¡ojalá sean meros cotilleos de pueblo! No debería importarme quién ocupa un cargo. Sin embargo, lo manifiesto porque me parece el colmo que en plena democracia no sólo se creen plazas “ad hoc”, sino que se publiquen los nombres en los bares y en las redes antes que en el BOPA.
En esencia, la mala praxis es lo normal. Recuérdese el “caso Marea”, pues parece ser que seguimos igual, “el amiguismo y el enchufismo se expanden como la pandemia y se extienden a la velocidad del vértigo, como el mismísimo coronavirus, de manera rápida, peligrosa y arbitraria”.
A diario, todos los medios nos asustan, nos repiten hasta la saciedad que todo cambia, hablan de “nueva” normalidad, nos abruman con reales decretos y desgraciadamente los derechos de los más débiles se ven cercenados.
La situación no afecta a todos por igual. Mientras unos vivimos subyugados por la pandemia, por el miedo, por la incertidumbre de nuestra salud, de nuestra economía, de nuestro futuro. Por el contrario, algunos políticos y altos funcionarios parece que no sólo están inmunizados ante el sufrimiento de los demás, sino que además siguen, como siempre, repartiéndose nuestro dinero, con cargos y prebendas, como si nada pasase. Por desgracia, así eran las cosas con Riopedre y así parecen ser con Carmen Suárez, en la Consejería de Educación como diría Julio Iglesias: “La vida sigue Igual”.
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