El regreso victorioso de Europa
Los palmeros le hacen pasillo en el Congreso como a los césares cuando volvían de una gran campaña de lucha contra los bárbaros, creí que ese tiempo había pasado y ahora se llevaban la discreción y el trabajo bien hecho sin esperar grandes honores, pues no hay mejor obra que los resultados de una buena campaña y gestión. ¿Eso es lo que nuestro césar nos trae de Europa? ¿o trae mucha letra pequeña que no han leído bien sus palmeros? En realidad, no veo la victoria por ningún lado, más bien cierta desilusión, pues no sabemos cuáles son las condiciones draconianas del maná de préstamo dinerario que tanto pregonan para una España en ruina, que tanto necesita de buena gestión, austeridad para la política y ejemplo. Me pregunto de qué presume este buen hombre y sus coreógrafos, ¿de la gestión de la pandemia? 40.000 muertos oficiales sobre el tapete, contagios actuales en aumento después de tres meses confinados, del turismo en la ruina, se calcula que unas 65.000 empresas solo turísticas que van a cerrar, del paro escandaloso, de los subsidios de beneficencia, de la paga vital para los que no tienen nada que llevarse a la boca, de las mafias de narcotráfico, de los okupas, del timo y el robo, la angustia del pueblo español, de las mascarillas que no eran necesarias según su Gobierno y ahora impuestas de por vida, de la posibilidad de un nuevo confinamiento que no va a dar tregua al hambre y se morirá de una cosa o de otra o de ambas, de dejar la responsabilidad de la pandemia a los presidentes autonómicos, que cada uno hace lo que quiere y puede sin coordinación alguna, para hacerles solidarios de lo mal que se han hecho las cosas desde el Gobierno central, tarde, mal y a destiempo, ¿no sería mejor que en lugar de aplausos fueran plañideras por el negro horizonte que no espera?
Toda la culpa no es del Gobierno, pero mucha de ella sí, de esos palmeros que tanto nos han emocionado en España al aplaudir a las ocho de la tarde para soportar en el encierro día tras día, porque la gente es buena y colabora, generalmente, con resignación y sacrificio, ¿cuánta gente ha quedado tocada psicológicamente que no se atreven a salir de casa por miedo y otros, los menos, desanimados que no quieren entrar en casa ya que se están resarciendo de tanta locura anterior? Creo, sinceramente, que no son tiempos de aplausos, sino tiempo de reflexión, propósitos y enmiendas, de gente trabajadora, concienzuda, para que el pueblo nos sintamos a gusto con nuestros dirigentes por su trabajo y entrega, ¿qué va a pasar con las pensiones? Más impuestos, bajar salarios, más trabajo precario, más necesidades, más paro y más hambre… Ciertamente, no estamos para aplaudir, casi mejor para llorar.
Ah, y después de tres meses de descanso por el confinamiento, ahora vacaciones bien merecidas, tengan cuidado con las insolaciones, sólo nos faltaba eso. ¡Felices vacaciones!
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