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La España vaciada

10 de Agosto del 2020 - María Teresa Suárez García (Oviedo)

Durante este tiempo de confinamiento, hemos estado leyendo artículos varios sobre el despoblamiento en la zona rural.

Ya en tiempos de posguerra, una de las mayores preocupaciones era mejorar el campo, dotarlo de todos los medios al alcance, en aquellos momentos, para facilitar las labores. Había un eslogan: ¡Arriba el campo! Era un trabajo necesario y mucha gente vivía de ello.

Tiempo más tarde, con la llegada de la industria, muchos se fueron a trabajar a la misma, pero no dejaban la huerta.

Era fácil pasar por algún lugar próximo a alguna industria importante y ver en los tendales de las casas en la huerta, junto con otras prendas, las fundas de trabajo y toallas con los anagramas de la empresa en cuestión.

Quizá fue una generación los que alternan ambos trabajos.

¡Las caserías tenían vida!

En las villas, el día de mercado, llegaban agricultores y artesanos con sus propios productos, quesos, etcétera, tenían una clientela fija.

Posteriormente, quizá los hijos y nietos de estos trabajadores cursarían estudios que los alejaban durante estos del pueblo y, al terminarlos, al estar capacitados para otros trabajos, este quedaría como algo a recordar, cuando se iba a visitar a la familia.

Llegaría un momento en que los familiares a visitar falleciesen y quedaban las casas, donde pasar unos días o el verano, encontrarse con vecinos y amigos, celebrar las fiestas todos juntos, etcétera.

Ahora, con la implantación del impuesto de Sucesiones, es un lujo que muchos no pueden permitirse; no se sabe qué criterios se siguen para fijar la cantidad a pagar, nadie lo aclara.

Habrá herederos que realmente no puedan pagar la cantidad exigida y renuncien a ello, ¡hasta que todo se venga abajo!

Otros quizá lo único que buscaban era seguir con sus recuerdos, no les compensen y se desentiendan de ello.

Por el contrario, conozco a una persona que vivió muchos años fuera del pueblo, ahora se jubiló e iba de cuando en cuando a visitarlo, volvía desmoralizado, viendo el abandono en que se encontraba todo.

Pero lejos de desentenderse totalmente está buscando la manera de encontrar apoyos para tratar de mejorar, entre todos los que quieran colaborar, el aspecto de abandono, accesos, poder celebrar las fiestas, etcétera.

¿Se ha calculado cuánto llega a pagar de contribución, ahora IBI, una vivienda normal a lo largo de los años?

Luego parece que no hay ningún plan para evitar el deterioro y trazar un plan para mejorar todo lo que está en total abandono.

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