Fiesta
Meter en un saco la camada de perros o gatos excedente y tirarlos al río o exterminarlos de cualquier otra forma era lo lógico no hace mucho.
Disparar con tirachinas o escopetas de aire comprimido a todo lo que se meneaba, también.
Ahorcar galgos era práctica común, y la sigue siendo, entre cazadores avezados, garantes de las tradiciones ibéricas, cuando el galgo ya no vale para nada.
De pequeño conocí la tradición de cazar ranas y tras meterle una pajita en la boca inflarlas hasta que reventaran.
Darles de fumar a los murciélagos también era tan divertido.
Tirar una cabra desde un campanario era muy tradicional y folclórico en ciertas fiestas populares.
Pasar con una barca y colgarse del pescuezo de un ganso euskaldún hasta decapitarlo vivo provocaba, no hace nada, gritos de exaltación identitaria.
Engrasar un cochinillo e intentar atraparlo también provocó siempre las risas de la buena gente.
Todo es cultura.
Perseguir a un herbívoro a caballo con lanzas y ensañarse con él hasta destrozarlo fue prohibido hace poco, muy poco, y aún hay quien se cuestiona que no fuera una burrada y que oponerse a eso era un atentado a la libertad.
Golpear, masacrar, torear becerros para echar unas risas entre borrachos preboda.
Encajonar a varios herbívoros y aterrorizarlos para que corran entre manadas de imbéciles que los conducen al matadero de la manera más cruel posible, por suministrarse ellos mismos de dopamina, para que al final llegue un millonario vestido de árbol de Navidad a acuchillarlo y humillarlo en un ritual de épocas prerrománicas igual habría que empezar a cuestionárselo.
Igual habría que empezar a cuestionarse esos modos porque es el mismo modelo que considera que tras correr delante del toro te puedes follar a una mujer borracha en un portal en plan comunitario, porque, ya sabes, le gusta ser baboseada en manada por un grupo de cerdos hozando en sus entresijos.
Hasta no hace tanto se consideraba pegar a la mujer de uno un derecho. No hace tanto, no se crean.
Luego empezó a estar mal visto y se consideraba violencia doméstica y se perdonaba con una facilidad pasmosa. Algo habría hecho la criatura.
Cuando los del mundo de la tauromaquia pedís ayudas invocando la libertad me dais mucho asco.
Reconvertíos en parques temáticos de turismo rural sin necesidad de ritos sangrientos que nos equiparan a lo más tribal y primitivo por mucho que lo queráis revestir de ese travestismo fantasioso y pervertido de una heroicidad de un hombre frente a un animal que lo único que tiene de bravo es el miedo y las ganas de escapar.
Que te gusten los toros no es un derecho, no es tu libertad, como tampoco lo es que te gusten las peleas de perros o las violaciones en masa.
Es más, tú, que aludes a la libertad, si tu libertad te llevara a la autolesión el Estado está obligado a evitarlo.
Que en este siglo haya festejos en que matar animales sea prioritario asumiendo la posible muerte de seres humanos en encierros y otras salvajadas creo que nos califica muy mal en el escalafón de la evolución como pueblo.
No, matar animales no es cultura, como no lo es crucificar cristianos.
Y si lo es, que lo sea en los libros, no en la realidad actual de un país moderno.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

