Apuntes sobre el virus
Indiscutiblemente, las extremas precauciones que se han tomado en España durante el estado de alarma, como el confinamiento, han sido determinantes y eficaces para frenar la propagación del virus. La concienciación y la responsabilidad de los ciudadanos han hecho posible ganar una dura batalla. Sin embargo, sabemos que esta contienda no ha terminado.
Los dos grandes inconvenientes de esta pandemia son su extensión mundial y la incertidumbre de quién pueda ser portador del virus. Ante dos hechos tan desestabilizadores se impone el uso de la mascarilla: dura controversia en un momento de afluencia turística que abarrota bares y terrazas y alta exigencia la de ir paseando por la orilla del mar con la boca y la nariz tapadas. No es factible que cuatro comensales se sienten en una sola mesa con senda separación de dos metros ni es posible saber si la persona con la que acabas de encontrarte tiene el virus.
Me detengo también en la obligación de usar mascarilla paseando por la playa, algo incordiante cuando se hace por la orilla del mar. Porque el viento soplando sobre el agua o una ola rompiendo mojará o salpicará la mascarilla.
Pero quiero centrarme en la insistencia de las autoridades en no tener contacto físico y en mantener ese mínimo de distancia de seguridad. Prolongar este distanciamiento humano que implica una renuncia a la afectividad está generando malestar y crispación. Necesitamos en nuestra sociedad voces que trasciendan la materialidad de las cosas, que nos hablen de la vida no observada siempre a través de un microscopio. Los medios de comunicación han instalado en la población el miedo al virus porque el 80 por ciento de sus noticias lo abordan. Prueba de ello es que haya personas que sienten pánico de que otra les roce andando por la calle... ¡Vamos, como si esto fuera la peste negra del siglo XIV!
Y al hilo del párrafo anterior, hay algo que me huele a chamusquina: la tranquilidad y el desentendimiento en lo que se refiere a mascotas. Durante la pandemia se habla mucho de los animales, se resalta su afectividad en su compañía y fidelidad hacia las personas. Nos bombardean por internet con noticias dulcificadoras sobre animalitos, tratados como los reyes del universo. No es casualidad que en el debate televisivo de líderes políticos durante la última campaña electoral Pablo iglesias dijese que ellos defenderían los derechos de los animales. Hace poco hemos sabido que hay localidades españolas que han instalado una fuente para perros. ¡La patología del pueblo de la que los medios de comunicación no hablan es la de que ahora haya españoles que confíen más en los animales que en las personas!
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