El covid o la advertencia a la infabilidad científica
Que los avances científicos en todas las ramas del conocimiento, pero muy especialmente en las de la salud, han sido un hecho es innegable. Como lo es también el que la comunidad científica se endiosó, de una manera muy poco común, con respecto a la “modestia” ejercida a través de la historia.
Ha tenido que llegar un “virus” (no una bacteria) para que se desmorone el castillo de naipes creado en torno a las ciencias de laboratorio, y de espaldas a cualquier visión de la vida que no salga de las probetas. Gran error el del ser humano en general cuando pretende ser lo que no es: infalible y todopoderoso. De esta filosofía, puramente materialista, se pretende alcanzar el “riesgo cero” y la inmunidad y el dominio sobre la naturaleza, lo que, excuso recordar, no pasa de una “utopía”, con un componente químico, que pretende sustituir (en forma de Prozac) a las grandes incógnitas que rodean a la existencia humana.
De grandes males se derivan siempre grandes bienes. De caídas sociales, levantamientos más realistas y menos relativistas. Y de grandes calamidades, puertas a una visión más modesta de nuestras limitaciones y más oportunidades de despejar la mente en la búsqueda de la verdad del hombre, de su existencia y de su fin último.
A cada uno de nosotros siempre nos acompañará el peligro, en sus diferentes “versiones”, lugares o situaciones. No todo está escrito en la vida, lo escribimos nosotros, pero si nos dejamos que Dios nos guíe la mano, la escritura será firme y recta. Al contrario, si pretendemos nosotros ser los “únicos” en hacerlo, los errores, los horrores y las faltas de ortografía cada vez serán más, pues solo Dios escribe “recto con renglones torcidos”.
Paz, mucha paz, fe y confianza, haciendo siempre lo que Él quiere y aceptando lo que Él hace.
Y cuando es domingo... no perdamos esta oportunidad de acercarnos, aunque sea “de mala gana”, a quien es, fue y será “el Camino, la Verdad y la Vida”.
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