Reflexiones del mes de julio de un año inolvidable, 2020
Primeramente, y para que no haya ni malentendidos ni duda alguna sobre este escrito y por qué me decido a enviarlo al correo ahora que el curso está acabado –bueno, es un decir, pues los alumnos ahí están, trabajando en sus tareas para septiembre, ya que los exámenes serán no presenciales–, he de dejar muy claro para que ninguna persona que lea estas líneas pudiera llegar a pensar que es una llamada de atención a ningún colectivo, ni Consejería de Educación, tampoco a aquellos que están al frente, ni sindicatos, ni, por supuesto, profesores o equipos directivos.
No es una competición para ver quién tiene razón o no, o quién trabaja más o no hace nada, o quién organiza las tareas para los demás. Todos y cada uno estaremos en el lugar que nos corresponda. Ya es muy tarde para decir más tonterías. Esta carta la escribo para llegar a puntos de encuentro, de acercamiento y de compromiso entre todos los grupos señalados en el párrafo anterior, de tal manera que seamos capaces de adquirir la “competencia” del entendimiento y podamos, al menos, imaginar el punto de vista de los demás sectores involucrados en este asunto, que parece casi imposible de solventar.
¿Cuál es el trabajo que hemos de realizar cada uno de los grupos, por ejemplo, los “enseñantes”, afectados por esta situación en la que estamos? Sí, leen ustedes bien, está en presente, porque aún estamos en ella. Tenemos más que claro que enseñar, motivar y, si se puede, dar ejemplo de trabajo y disponibilidad en todo momento hay que hacerlo. Hemos de dejarnos de palabrerías inútiles que nos hagan perder aún más el norte, ya que todos sabemos lo que se quiere conseguir, que pasen al próximo curso “sabiendo” y con todas las “competencias” adquiridas, ¡también para que las “autoridades y sus adláteres” no vaya a ser que digan que no somos lo suficientemente buenos para ellos!
¿Cuál es el trabajo de los sindicatos? Pues que apoyen a los “enseñantes” siempre, que vayan todos unidos a una, a veces quedamos un tanto huérfanos. ¿Qué quieren los sindicatos para los profesores?; buena pregunta, ¿quizás que tengan su horario lectivo no demasiado cargado? ¿Que nos defiendan cuando haga falta? ¿Que piensen en los alumnos? Pues habrá que moverse un poco más, porque llevamos años “cargando” en nuestras espaldas más de lo que se debería, igual que equipos directivos, personal de secretaría, conserjes, limpiadoras-es y demás.
¿Cuál es el trabajo de las “autoridades”, que son otro de los grupos que entra en este pequeño escrito? La verdad es que no lo sé aún; estamos en una situación, que creo no da mucha unidad a la hora de poner las cartas sobre la mesa. Sin embargo, las situaciones, los acontecimientos y los puntos de vista pueden llegar a cambiar a mejor, si se logra estar en la misma frecuencia y pensamos en lo importante, que no somos ni las “autoridades”, ni los “sindicatos”, ni los “profesores”. ¿Cuál es este punto común que todos nosotros compartimos? Trataré de explicarme en el párrafo que sigue.
Después de todos estos meses de confinamiento, sin más conexión con el mundo que mis alumnos (y salir al supermercado), he llegado a la conclusión, casi sin darme cuenta, de que los “enseñantes” llevamos intentando cambiar las vidas de nuestros alumnos, desde que decidimos tomar esta salida profesional. Esta carrera tiene un componente de vocación; es por eso que nos gusta abrir esas mentes para ayudarles a pensar, inundando de conocimientos esas cabezas, que muchas veces parecen estar en “el más allá”. Sólo así podrán tener control sobre sus vidas y decidir qué tipo de futuro quieren cuando sean adultos.
Propongo un trato fácil y básico para que este “lío mediático”, esta “cerrazón” crónica de la mente de “algunos” y este “parón absurdo” terminen. Y, ¿saben por qué hay que pactar? Porque hemos de ser menos egoístas y querer siempre llevar la razón, para convertirnos en “enseñantes”, porque eso es lo que somos todos, las “autoridades”, los “sindicatos” y nosotros por supuesto, que parece que a algunos se les ha olvidado. Y lo somos para serenar a las personas y hacer de ellas los mejores profesionales y, quizás, con nuestro propio ejemplo (en este lote vamos todos, autoridades, sindicatos y profesores), incluso seres honorables que midan a los demás por su valía, no por lo que tienen, sino porque son capaces de entrar en los corazones de los otros.
Y ya el último pensamiento, que pongo en forma de pregunta. ¿Habría alguna posibilidad de que todos estos ordenadores, tablets, conexiones WIFI, se los tengan preparados para el día 14 de septiembre, y no pasen casi dos meses hasta que los alumnos los reciban? Algunos alumnos, de los 89 míos, entre 10 y 12, ahora ya no tienen capacidad de usar ningún medio, porque no se sabe quién decidió que en verano no hacen falta. La “brecha digital” es una expresión vacía de contenido, porque esos mismos alumnos siguen igual que antes de su confinamiento, sin conexión, ni nada de nada. Yo invito tanto a las “autoridades” como a los “sindicatos” a que se den un paseo por los centros, se levanten de sus asientos y miren la realidad a la cara, igual se sorprenden y empiezan a tomar en serio la educación, que es mucho más que prestar unos medios informáticos unos pocos días. La vida sigue igual, pero de nosotros, todos, depende el llevar la enseñanza a cotas impensables; sólo hemos de sentarnos y “charlar” sobre lo que podemos y debemos mejorar, claro, con la condición de que se quiera hacer.
Termino estas palabras, en primer lugar, con un guiño a una película de 1927, “El cantor de jazz”, la primera película sonora de la historia, que cambió dramáticamente Hollywood, el arte y la magia del cine. Quizás, este sea el momento de inflexión, como ocurrió con el séptimo arte, para cambiar la enseñanza a unos niveles líricos.
Y el segundo pensamiento tiene que ver con la música y con el paso del tiempo; les dejo el siguiente enlace a la canción “Time”, del grupo “Pink Floyd”; este es el momento adecuado para sentarse e intentar sacar lo mejor de nosotros mismos para que los asuntos de los alumnos que sean mejorables se lleven a cabo. Se puede subtitular en inglés, por supuesto, pero en español también.
https://www.youtube.com/watch?v=-EzURpTF5c8
No podía faltar Oscar Wilde, que, a estas alturas, ya saben que es mi escritor favorito, con un cuento, “El famoso cohete”, les dejo unas pocas palabras para que se sientan intrigados y se animen a leer la narración completa; trata de la vanidad, la prepotencia y la soberbia:
“La rana siguió hablando de sus cualidades un buen rato, y el cohete se enfadó.
”–¡Qué antipática eres, rana... Odio a la gente que solo habla de sí misma y no me deja hablar a mí de mí mismo...
”Pero en ese momento la rana ya se había ido, y él se hundía más y más en el fango”.
Muchas gracias por invertir su preciado tiempo en la lectura de estas líneas. Les deseo un verano espectacular, a ser posible sin mascarilla, porque llevarla nos está matando y destrozando gargantas y pulmones, por mucho que nos hagan creer que realmente sirve para protegernos.
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