El Evangelio del amor
Hay cosas de una gran importancia para nuestras vidas y que poco a poco -por comodidad, por costumbre, por no ir aparentemente con los tiempos en que vivimos- las vamos olvidando y las vamos dejando de practicar; y una de ellas es la lectura del Santo Evangelio, y no digo la Biblia expresamente porque la correcta lectura de la Biblia exigiría una mayor concentración por nuestra parte, mayor tiempo, y un mayor conocimiento: de las Sagradas Escrituras, de la Tradición y de la Iglesia.
La lectura del Evangelio, por otro lado, se concentra solo en la vida de Jesús, y cualquier fragmento que leamos nos es de gran utilidad y fácil comprensión. El Cristianismo es el fundamento prioritario de nuestras vidas, es el alfa y el omega, es el que nos explica: la infinitud de lo eterno, la grandeza de nuestra existencia, el porqué y el para qué de las cosas y de los acontecimientos; es el que nos da luz para poder entender los grandes enigmas: dolor, sufrimiento, incomprensión, pecado, insolidaridad, hambre y otras muchas cosas que ciertamente existen, pero que no se entienden bien. A través del Cristianismo podemos entender mejor, aunque sea difícil, el significado profundo de la belleza, del amor, del bien, de la bondad, de...; y también el de la maldad, el de la violencia, el del odio, el del desprecio, el de la muerte, etcétera. A través de la lectura pausada del Evangelio, a través de su reflexión y su meditación, a través de meternos en los pasajes del Evangelio, siendo un personaje más, como decía San Josemaría Escrivá con mucha frecuencia, podemos entender mucho mejor todas estas cosas. Es muy fácil, por ejemplo, hoy, tergiversar y confundir lo que significa la palabra amor; es muy fácil, hoy también, por ejemplo, traficar con la palabra sexo; es muy fácil, hoy día, utilizar el bien y lo bueno solo para nosotros, olvidándonos de los demás; es difícil hoy entender correctamente lo que significa prójimo, amigo, vecino, compañero. De todo ello podremos entender más y mejor leyendo y meditando habitualmente los Santos Evangelios.
Y, para terminar, si quieres vivir el amor como Jesús: lee el Evangelio. Allí entrarás en las profundas, reconfortantes y seguras grutas del amor verdadero.
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