El cocodrilo de Valladolid y el cuélebre de Felechosa
Pánico y terror en Pucela porque en el río Pisuerga, que pasa por allí, han sido visto un enorme cocodrilo. Los vallisoletanos que habían comenzado a bañarse y tomar el sol en la orilla de su río han dado suela aterrorizados, algunos abandonando toallas y sombrillas. ¿Cómo pudo venir un cocodrilo del Nilo al Pisuerga? Existe el temor de que no esté solo, pueda tener compañera o tratarse de una señora cocodrila en estado de buena esperanza con cocodrilinos bullendo en sus entrañas maternales, dispuestos a invadir todos los ríos carpetovetónicos. ¡Hala!, en el Sella, en vez de salmones, cocodrilos.
Bueno, esto es más bien idea de un coñón vallisoletano, o de varios, para, con pandemia o sin ella, conseguir que el turismo vuelva a esta importante e histórica región castellana tan acogedora y hospitalaria. Como hiciera Luciano con su cuélebre de Felechosa. Por aquel entonces, fue cuando Escocia se hizo famosa y muy visitada con la asombrosa noticia aquella de que un gran monstruo había aparecido en el lago Ness. Escuchar esta sorprendente noticia y descubrir Luciano su cuélebre fue casi simultáneo, y también por Felechosa comenzaron a caer visitantes, que era lo que quería Luciano, amén de que este atopaízu pueblín allerano fuera conocido por todo el territorio nacional. Felechosa es hoy famosa por sus restaurantes, el gran geriátrico-hotel de la Minería y el Chamonís de los Alpes alleranos. Y en todo ello Luciano y su cuélebre han jugado un importante papel.
Otro caso que conocemos es el del zapatero andaluz Manuel Montoya, famoso por sus bromas. Situado muy cerca del puente de Triana, un día se le ocurrió decir que una ballena que había remontado el Guadalquivir estaba varada bajo el puente. La noticia se corrió de tal manera que el puente se llenó de un ir y venir de gente. Cuando le preguntó a un conocido qué ocurría y el otro le dijo que había una ballena bajo el puente de Triana, el zapatero saltó a la calle y corrió como los demás para ver la ballena. Y es que los mentirosos profesionales terminan creyéndose sus propios embustes. Que pueden ser de cachondeo o de un gran daño para el hombre, según sea su intencionalidad.
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