Loros y gaviotas

4 de Agosto del 2020 - Antón Corostola (Avilés)

Es seguro que en España, a pesar de no ser un país tropical, según el CIS (acrónimo de Centro de Investigaciones Sociológicas), son millones los loros y parece que sigue creciendo su número. Es cierto que aquí son animales caseros y muy locuaces, pero siempre repiten lo que les enseña el amo, llámese Pedro o Pablo, nombres muy comunes en este país de cultura cristiana.

Lo que los loros no conocen, porque nadie se lo cuenta, es que el CIS les engaña y, de seguir así, pronto sus dueños no solo no tendrán comida para ofrecerles, sino que serán ellos aperitivo suculento, por lo que les aconsejo que más les valdría dejar de cacarear (2.ª acepción de la RAE) "al presidente". Si pueden y tienen ocasión les convendría regresar al Caribe, antes de que el Caribe se instale aquí aprovechando el "cambio climático" (3.ª acepción de la RAE para clima).

Otra cosa distinta pasa con las gaviotas, que no acaban de encontrar su sitio. Recuerdo de niños cuando no tenían más ambición que volar y multiplicarse y lo hacían con cierta formalidad, agrupadas, sin preguntarse si eran gaviotas, charranes o garruchas. Estas, como no tienen la capacidad de hablar, no se molestan en escuchar.

Reiniciando, recuerdo que al anochecer tomaban rumbo a la Peña la Deva, hablo desde Casa de Pachico en la ría de Avilés, para dormir, descansar y procrear. Previamente esperaban en la barra, no del bar, de la ría, la arribada de las parejas de arrastre para aprovechar los descartes que tiraban al agua. Conocían el calendario, pues sábados y domingos no esperaban y buscaban la comida en los pedreros y arenales. Reinaba en el conjunto la armonía y no se les conocía más ambición que crecer y multiplicarse. Todavía no tenían intención de entrar en política, algunas fueron "europeas" antes que nosotros, pues recuerdo que de niños, en invierno, haciendo barbaridades por las que pido perdón, desde el "puente" de la Aurrera, fondeada cerca de casa, "pescábamos" alguna, con un corcho forrado de tocino y un anzuelo. Las había anilladas con referencia de un pueblo holandés. Seguro que allí ya estaban en política y venían a observar si la dictadura era tan ineficaz y perversa como les contaban los pocos loros que había. Después las soltábamos, pero ahora me doy cuenta de que eran ilustradas.

El tiempo pasó, se metieron en política y les fue bien hasta que un pequeño grupo de charranes que anidan por la rivera del Nervión les hizo la puñeta porque encontró comida fácil en Madrid. Ahora acaban comiendo en vertederos, se distancian, no se entienden y aunque son muchos y siguen creciendo, se disgregan en grupúsculos y acaban riñendo por la comida.

Si como muchas veces decimos la naturaleza es sabia, es perentorio que actúe ya, poniendo orden en este grupo ornitológico que tanto servicio prestó "comiendo" lo que otros loros pudrieron. Ahora es la ocasión, pues aunque los loros no lo sepan, lo están pudriendo todo de nuevo y necesitamos gaviotas como las que yo conocí de niño. Tienen buenas "autopistas" para volver, desde Galicia Tajo arriba, dejando el Duero para Castilla, desde Andalucía con "riveras"

para escoger, desde Murcia juntándose con los andaluces, pero no se les ocurra acercarse al Ebro, pues les lleva directamente al norte, donde no queda pescado de descartes.

Soy de ciencias y antiguo, así que perdón si no "me se entiende", pero interés sí puse, aunque no sabiduría.

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