Las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki hace 75 años
6 y 9 de agosto. 75 años después de Hiroshima la lógica de las armas y el miedo se ha reforzado. Se ha frivolizado el riesgo nuclear, el rearme nuclear se ha convertido en un instrumento de poder y el riesgo de una catástrofe de dimensiones apocalípticas está cada día más cerca.
Es el mensaje de ICAN.
ICAN es una coalición de organizaciones no gubernamentales en un centenar de países que promueven la adhesión al Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares de la ONU y su aplicación. Este acuerdo global fue adoptado en Nueva York el 7 de julio de 2017, y constituye un compromiso para lograr y mantener un mundo libre de armas nucleares. Hasta el momento ha sido firmado por 81 países y ratificado por tres.
El ICAN recibía el premio Nobel de la Paz en 2017.
Setsuko Thurlow, superviviente de la bomba de Hiroshima, que explotó cuando tenía tan solo 13 años, alerta de los movimientos y discursos que niegan una amenaza como la que provocó aquel infierno hace 75 años. Además de los muertos (más de 200.000 entre Hiroshima y Nagasaki), "las miles de víctimas que quedaron sufrieron un grave daño físico, psicológico y social".
Sin embargo, desde las ruinas atómicas, ha sobrevivido una determinación inquebrantable para dar testimonio de la tragedia humana personal. Durante 75 años, los Hibakusha (personas bombardeadas) se han pronunciado como la voz de la experiencia y la esperanza del imperativo urgente de eliminar todas las armas nucleares.
Hoy nueve países han almacenado suficientes armas termonucleares para terminar con la civilización humana y se encuentran en una ola de gastos masivos para modernizar y expandir sus arsenales.
Estados Unidos está presionando a los estados de la OTAN para que desplieguen una nueva generación de aviones de combate con capacidad nuclear para entregar armas nucleares de rendimiento variable más "utilizables" contra las poblaciones humanas.
Por el contrario, en lugar de invertir en la programación de nuevas catástrofes humanitarias, los gobiernos deberían destinar los escasos recursos a programas que preserven y protejan la salud y el bienestar humanos.
Al reasignar el gasto militar inflado y reorientar a los estados para resolver conflictos a través de negociaciones pacíficas, las personas y los gobiernos de todo el mundo pueden abordar más fácilmente las enormes injusticias económicas y civiles que provocan conflictos y alimentan el fuego del cambio climático. Cada victoria en cada espacio debe usarse para alimentar el progreso en otros lugares si la humanidad quiere sobrevivir este siglo.
Cuando recordamos a las víctimas de los bombardeos atómicos de hace 75 años y escuchamos las historias de los sobrevivientes, nos damos cuenta de que, más que nunca, todas y todos nos la jugamos en colectividad en este asunto vital.
"Tenemos la responsabilidad de pensar en qué mundo queremos vivir. La vida es el regalo más precioso que se nos ha dado. Los políticos deben decidir: ¿son aceptables las armas nucleares? He visto con mis propios ojos a cientos de personas derritiéndose, carbonizadas, pidiendo agua entre susurros, una procesión de fantasmas, cuerpos ardiendo, con las vísceras fuera, con los ojos en las manos... Nadie debería presenciar algo así. Espero que la gente de España piense seriamente en este tema, en qué es lo legítimo".
Esa es la petición de la señora Setsuko.
El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares fue aprobado con el apoyo de 122 estados. España no está entre los firmantes.
Desde la Sección Española de la Liga Internacional de Mujeres para la Paz y la Libertad (WILPF), se han dirigido al Gobierno español a dar un paso al frente y demostrar su compromiso real y su sensibilidad ante el horror de experiencias como la que vivió Setsuko, firmando el Tratado.
Una docena de ayuntamientos se han unido a la iniciativa de Alcaldes por la Paz e ICAN y han aprobado mociones institucionales en las que piden al Gobierno central que firme el tratado, entre ellos los de ciudades como Zaragoza y Barcelona.
¿Harán lo propio los concejos astures?
Para que, como nos dicen los hibakushas que decidieron no instalarse en el resentimiento, el odio y la venganza y que hicieron de la promoción de la paz y el desarme la misión de su vida "hasta el último aliento, "ningún otro ser humano vuelva a vivir otra Hiroshima y Nagasaki jamás".
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