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Las mayores víctimas del virus

7 de Agosto del 2020 - Ricardo Luis Arias (Aller)

No cabe duda alguna de que es la gente mayor, como demostrado está por todo nuestro carpetovetónico país. El pajolero virus entra por las residencias y geriátricos como Pedro por su casa. Y esa buena gente mayor, después de los fuertes temporales de la vida que ha padecido, es terreno abonado para prender en él su epidémico mal. Y está vaciando esos centros de gente mayor de una manera vertiginosa, dramática y dolorosa. Dolorosa, sí, desgarradora, porque se van a ese otro lado de la vida en la no menos desgarradora soledad, la de sus familiares queridos, que, a su vez, en una dolorosa reciprocidad, sufren igualmente al no poder dar el último adiós y el último beso al padre y la madre o a la esposa o marido. Y luego, como remate más doloroso, que los féretros en los que hacen su último viaje van de un lado para otro para ser sepultados no se sabe dónde. Esto en Asturias no ocurre.

Esta es la verdadera y más grande tragedia que está causando ese virus letal y en la gente mayor. Y no digo viejos y ancianos porque, además de la vida material que se convierte en cenizas en un horno crematorio o devorada por los gusanos, tenemos esa otra vida, la verdadera, que es la espiritual, la del alma, que se mantiene joven siempre y no tiene fin. Y esto lo dice y asegura quien ha rebasado ya la centena de tacos con salud y haciendo una vida normal, gracias sean dadas a Dios, dentro de la anormalidad epidémica que nos impone este maldito virus.

Y si hay alguien que se preocupe verdaderamente por esa gente mayor, ese es nuestro buen presidente de nuestro Gobierno comunitario. Si Asturias es un ejemplo y está a la cabeza sanitaria y políticamente en la guerra contra el coronavirus, es porque la capitanea el señor Barbón, sobre todo de la gente mayor, como acaba de demostrar con la solemne y emotiva plantación de cinco tejos en el HUCA. Para que el querido recuerdo de los que se llevó el virus permanezca siempre vivo en el tiempo y en nuestra historia regional.

El buen hacer de nuestro presidente no nos sorprende, porque de raza le viene al galgo. Barbón padre fue una gran persona y un buen político que su prestigio dio al socialismo asturiano. Y es que Laviana es tierra pródiga de grandes hombres, que sepamos, el escritor y novelista Armando Palacio Valdés, y el sacerdote Arboleya, cuya defensa de la clase obrera, tan oprimida entonces, le hizo enfrentarse al Poder y hasta con la misma autoridad religiosa de la región.

Don Adrián Barbón es un ejemplo de la lucha contra el virus y, en ella, su defensa de la gente mayor. Creyéndome representarla ahora, gracias, señor presidente.

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