Estamos a tiempo de parar el desastre sanitario y económico
Con el covid-19 no vale que la mayoría sean responsables, deben ser todos. Solo así frenaremos lo que tenemos a la vista, un nuevo brote que se llevará por delante a miles de personas, la mayoría, como siempre, serán padres y abuelos. Luego veremos a hijos y nietos llorándoles, ¡no. señor! Usted no los llore después, haga por ellos ahora.
Por qué escribo esto ahora: es poco recalcar la imprudencia de unos pocos, el uso indebido de la mascarilla, el toqueteo de las cosas; es cierto, la mayoría cumple, pero basta uno solo para contagiar a muchos.
Hoy, ayer y anteayer he podido comprobar la irresponsabilidad de algunas personas, siempre culpaba a los jóvenes (que también y en más proporción). Entro en una tienda de comestibles en Colloto, me encuentro a una señora con la mascarilla de corbata comprando y hablando como una cotorra con la dueña, no la vi coger las cosas que compró, seguro fue repartiendo saliva allí por donde pasaba, para que otros que sí se protegen lleven para casa el virus en caso de tenerlo. Es la dueña quien debiera llamarle la atención, pero fui yo, le dije: señora, tiene que poner la mascarilla; pues se la puso, pero no sin antes soltar una serie de justificaciones (que si otros escupían por la calle y no se les dice nada, que si...). No le contesté, la dejé balbuceando sin atender para nada de lo que decía. Me pareció gravísima esa situación, como ese cuadro, es suficiente unos pocos para propagar el coronavirus y no saber de dónde te ha venido.
Luego fui al parque principado, en los aparcamientos se ve muchas personas paseando y fumando sin mascarilla, por la calle igual, terrazas que no logran que los clientes se beban el trago y se coloquen inmediatamente la mascarilla, de poco sirve no llamar la atención, si luego tendrá que cerrar el negocio obligado.
En Villamiana, al lado de Oviedo, hay un parque de chiquillos pequeñitos; pues muchos días, se juntan niños y niñas de entre 12 y 17 años, todos de distinto padre y madre, donde se pasan horas enteras juntos, revueltos y sin protección alguna, luego irán para sus casas respectivas llevándose el virus y propagándolo y ya no podremos pararlo sin confinarnos todos por culpa de veinte pelagatos.
No sé, ustedes ven igual que yo, las administraciones tienen que tomar cartas en el asunto o lo que es imprudencia se convertirá en desastre económico y social por no frenar a estos pocos irresponsables. En el caso de esos niños, sus papás también, ¿no se preguntan dónde pasaron el día sus adolescentes en estos días de especial alarma sanitaria?
No aprendemos jamás, solo vigilancia y fuertes multas frenarán el desastre que se aprecia a la vista. No es tarde, unos días más y será la ruina y la muerte para miles de ancianos, sobre todo.
Solo espero que las administraciones tomen cartas en el asunto, nos jugamos mucho. Un saludo.
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