¿Canturrea usted?
Mis primeros recuerdos al finalizar los 40 y toda la década de los 50 solían tener un fondo musical, las mujeres cantaban mientras limpiaban, lavaban o cocinaban, los hombres canturreaban o silbaban en el trabajo. Aquí en Aragón las rondallas se nutrían de jóvenes. Los niños y adolescentes en Barcelona crecíamos entre expresiones de vida, alegría de vivir, esperanza de futuro. Ya sé que esto no suena bien a quien pretende que los años de la posguerra no fueron alegres y esperanzadores. Yo diría que incluso unieron a los españoles en el olvido, el perdón y la expectativa de una paz para todos, un futuro sin vencedores ni vencidos.
En la actualidad, la baja política quiere sacar partido todavía de una historia en la que ya no estamos inmersos, una historia superada. A partir de los 60 y los 70, una vez alcanzado cierto nivel económico, algunos decían: "Hoy se vive mejor". ¿Mejor en qué sentido? Si el dinero trae cierta felicidad, felicidad propia, pero poco a poco se fue perdiendo aquel espíritu de confraternización, de apoyo, de refugio del uno en el otro, y así fuimos entrando en un mundo competitivo y ganancial, despreocupado ya de los que quedaron atrás. ¿No vivimos un poco al margen de las guerras en otro sitio, o del hambre que ataca sin piedad al 10 por ciento de la población mundial o la contaminación que ha traído el ansia de progreso material, o el crimen que aumenta en todo el mundo, o los cien mil abortos anuales en España?
No, la gente ya no canta ofreciendo su alegría a los demás, porque no hay alegría natural, es necesario forzarla con propaganda engañosa, con droga, botellón y ruido a mansalva. Sí, sí, es verdad que estamos en un momento crítico y es lógico que la alegría natural esté apagada... pero, ¿es que no lo estaba ya antes de la peste? Al barrendero que atiende el sector donde vivo le puse el apodo de "el silbador". Le pregunto por qué hace más de un año que ya no lo oigo silbar; me dice que algunos vecinos se le quejaron. Parece que el ruido de las terrazas, el chumba chumba de los coches, los gritos de madrugada... son lo que da felicidad y no las canciones de siempre entonadas por un barrendero que transmite alegría mientras trabaja.
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