La Encrucijada
Ella no se lo tomaba muy en serio. Simplemente era consciente de que, a pesar de haberlo conocido hacía unos días, se había convertido en la persona con la que más hablaba. Le hacía sentir bien, desahogada. También contribuía encontrarlo, en cierto modo, irresistible.
No era una persona atractiva pero sí atrayente. Su forma de ser, la manera en que expresaba sus pensamientos y su transparencia, le hacían parecer un tanto quebradizo. Quizá era eso lo que le generaba un sentimiento de cercanía absoluta, de necesitar protegerlo. Su última reflexión antes de quedarse dormida había sido que no conseguía adaptarse a los tiempos. Las horas pasaban demasiado rápido y los instantes eran como deben ser, fugaces y escasos. Para querer tener más. Se hacía una simple pregunta, ¿sería real esta vez?
Él se sentía desorientado. Hacía unas semanas, mientras tomaba algo con un buen amigo, se había prometido a sí mismo estar solo, o al menos nunca más tener la voluntad de estar junto a alguien.
Se repetía una y otra vez: “Y ahora me ocurre esto”. Pero no dejaba de creer que aquello no era más que otra broma absurda de la vida. Le ponía delante esta maravilla para mostrarle que, por mucho que soñase, la realidad siempre supera a la ficción, y que hacía algunos años se había diseñado a este ser con tanto amor y paciencia para que ni él pudiese rechazarlo. Tenía la horrible sensación de estar en todo momento en la prórroga de algo que, llegado el instante preciso, desaparecería tan fácilmente como había aparecido días antes. Nunca le gustaron las apuestas, pero en ese momento se lo jugaría todo a una carta por esta mujer que tanto tiempo había esperado.
No podía salir de esta encrucijada. Confiar en que el destino la hubiese puesto en su camino para permitirle así disfrutar de ella y hacerla feliz o, por el contrario, y muy probablemente, se estuviese burlando de él. Esto no era más que un regate bien ejecutado, que le hizo caer como un tonto. Y es que, en el fondo, por mucho que se intentase autoconvencer, sabía que siempre lo había sido.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

