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Nadie es profeta en su tierra

8 de Agosto del 2020 - José Luis Sancho Sánchez (Zaragoza)

Ni siquiera Jesús, un hombre nacido perfecto y sin pecado, gustó a los líderes de su tiempo, y aunque las masas lo aclamaron por su enseñanza y sus milagros, fueron finalmente subyugadas por el ambiente de sumisión al ser humano imperfecto y su interés, y unos y otros, gritaron todos a la vez: “Al madero con él”.

Me sumo a una exigua minoría que no pide lo mismo en relación al juicio popular que se pretende contra don Juan Carlos. Los juicios populares han sido siempre orquestados y dirigidos por poderes interesados. Hoy tenemos en el Gobierno del Reino de España a ministros que hacen campaña contra la nación, proponiendo la República, o, dicho de otro modo, un “golpe” o una patada al Estado. Si el Estado somos todos, entendemos que haya quienes prefieran otro Estado, quizá Venezuela; bueno pues siempre pueden trasladarse a allí, pero no pueden ir allí y atacar al Estado, porque creo que motivos encontrarían muchos más que en España. Puede gustarnos más o menos, pero no podemos atacar al Estado.

La mayoría que se ha beneficiado de una transición modélica, y se ha salvado de un golpe de Estado, debería decir algo, porque ha llegado el momento, pero... la mayoría está tan disgregada, tan mediatizada, tan repartida en política y tan absorta en un interés personal, que no se aglutina para defender lo que toca en un momento decisivo. Yo no soy el más indicado para levantar la voz, porque no soy creyente de la política; no obstante, soy humano, y como tal me duele el trato que se le está dando a alguien grande en la historia de España. Que los que se atreven a tirar no solo la primera piedra, sino una detrás de otra, juzguen primero su propio ejemplo y su propia grandeza; yo no la veo, la verdad.

Como eso, como ser humano nada más, he de reconocer mis aciertos y mis fallos, mis grandezas, si las hay, que no lo sé, y mis pecados. Con ese natural y mediano bagaje, me resulta más fácil reconocer la grandeza de los demás, y también la bajeza, de la que hoy España está saturada, bajeza sin ninguna grandeza.

Con sus fallos, con sus pecados, le digo desde aquí al Rey humano al que le debo algo: “Un abrazo, desde esta España cainita de la que también me dan ganas de escapar. Que Dios le perdone, como a todos nosotros, al menos a los que sean capaces de reconocer con humildad... sus pecados”. En lo que a mí respecta: Hasta siempre.

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