Al Rey Juan Carlos I
Nada resulta más obvio que el revanchismo de algunos aplicando la presunción de inocencia a los suyos mientras se la niegan al resto de los mortales.
Circulaba por Salinas conduciendo su Mercedes azul sonriendo a todos los que le saludábamos como una persona entrañable y familiar. Muy fuerte tiene que ser el poder de sus detractores para conseguir que mi Rey Juan Carlos se vaya de España y muy débiles los argumentos de su real entorno.
Le quedaba la suave Galicia para retirarse a descansar, incluso el calor de Mallorca para salir a navegar con sus fieles compañeros de regatas. Y por qué no Asturias o Cantabria, para estar tranquilo cerca del mar y de los mejores hospitales. Porque muchos olvidan que es una persona mayor con patologías que precisan revisiones frecuentes, con el mismo derecho que un tal José Ángel Fernández Villa a rodearse de sus familiares y amigos leales para acudir a sus citas médicas.
Me niego a creer que la idea del exilio haya sido suya, por más comunicados que dirija al Rey Felipe VI, su hijo. Yo rondaba los felices 20 años aquel 23F gravísimo cuando mi Rey Juan Carlos, con la ayuda indispensable del militar asturiano Sabino Fernández Campo, devolvió la tranquilidad y la democracia a los españoles.
Vuelva a España, Majestad, que esta especie de exilio inexplicable le haga recuperar la tranquilidad para regresar pronto, porque somos muchos los españoles que le estaremos siempre agradecidos al Rey valiente que supo incluso pedir perdón.
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