Musha Pulisia
Días atrás experimenté por primera vez (espero que última...) la presencia de tres hombres uniformados (las exigencias de talla mínima y forma física parecen realmente exigentes) ante la puerta de mi casa. Superado el primer microsegundo de estupefacción (con las gónadas en la epiglotis, la “presencia” impone...), al segundo, uno de ellos, amablemente, preguntó: “¿Qué pasó?”, entonces hilé cabos...
Y acerté a explicarles, como aquí, que mi esposa padece una enfermedad mental en tratamiento cuyas características me desbordan, volviéndome absolutamente loco por momentos, dicha “locura”, en mala hora, adquiere la forma de gritos salvajes, golpes y rotura de objetos, muestra de mi propia frustración, incompetencia, impotencia ante tal situación. Es una situación extremadamente difícil para mí (nosotros, en realidad...). Dicho esto, también tengo que decir que la naturaleza de su enfermedad hace que, aunque le esté gritando como un poseso a un centímetro de su cara, ni se inmuta...
La presencia de “los uniformados” ante mi puerta (desconozco el cuerpo a que pertenecían, no estaba el horno para magdalenas) se explica fácilmente por “el susto” comprensible de algún vecino ante lo que podría ser un caso de violencia de género, yo habría hecho lo mismo... Ni me dijeron ni pregunté, pero creo que era obvio.
Mi manifiesta incompetencia para gestionar un problema como este me hace muy difícil actuar de otro modo, es decir, me hace muy difícil romper el “feedback”: “está mal, me pongo mal, se pone peor, me pongo peor...”, es un círculo que, una vez se entra, es muy difícil romper sin ayuda externa. (No, si la teoría más o menos la tengo clara...).
Llegaron estos señores, que en aquel segundo microsegundo, con su presencia, afabilidad y comprensión, me dieron ese otro microsegundo extra que necesitaba para romper el dichoso “feedback”.
No sé quiénes eran, sus nombres, sus rangos, ni el cuerpo en que prestan sus servicios, pero me vienen a la cabeza algunas cosas, como esa oposición “cuasi folclórica a la pulisía” en que aparecen como órgano represor de tiempos pretéritos o no tan pretéritos, y digo folclórico porque, en efecto, aparece en numerosas canciones pop (la madera no mola). Pero, de hecho, recuerdo que cuando se pide ayuda a un accidentado, quienes primero aparecen son ellos, de acuerdo, ya están en la calle, pero no aparecen para hacer bulto, de hecho, ayudan en lo posible y tienen formación para hacerlo. Cuando hay un incendio, también son los primeros en aparecer. Cuando te atracan, ¿a quién llamas?, bueno, creo que esto está claro...
Pero esta experiencia última (en realidad no deseada, pero al fin necesaria) me ha hecho ver la calidad profesional y creo, sobre todo, humana de nuestra actual Policía. No sé valorar si estaba en un estado especialmente vulnerable, seguramente, sí, pero lo que me ha quedado es la impresión inicial, esa del hermano mayor que se acerca y te pregunta: “¿Qué pasó?” sin prejuicios, escuchando, antes que nada.
En otro orden de cosas, ni que decir tiene que la mera “visión” a pie de puerta propia supone de por sí un punto de inflexión (en mi caso, sin duda necesario) suficiente en sí mismo para recapacitar (romper ese dichoso “feedback”), pero quiero agradecer a estos hombres la comprensión mostrada en todo momento a este “cretino cavernícola” y sobre todo la sensación de tranquilidad que me transmitieron, que me resultaron de mucha ayuda, también al vecino “asustado” (pobres de mis vecinos que me han tenido que oír..) que ha contribuido a este cambio. No puedo prometer que algo así no vuelva a ocurrir, solo puedo pedir disculpas a los afectados, incluidos los policías, que tendrán mejores cosas que hacer que escuchar los problemas de paisanos desquiciados.
Me he permitido cierta licencia “socarrona” en este texto que nada tiene que ver con su contenido ni sus posibles receptores, sino con una suerte de “higiene mental” que a menudo necesito para hacer mi situación un tanto más llevadera...
En todo caso, mi agradecimiento a esas personas, que no están para hacernos “la puñeta”, sino para ayudarnos.
Y no tendrá mayor relevancia todo esto, pero si contribuye a poner una sonrisa en sus caras, sobre todo de satisfacción, ni tan mal...
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