Retorcer la historia
En estas últimas semanas los españoles asisten perplejos e indignados a la marcha de España y al conocimiento de actos protagonizados por Juan Carlos I que de ser ciertos supondrían la comisión de delitos graves para cualquier ciudadano que no estuviese escudado, como él, en la más flagrante impunidad que le otorga el art. 56.3 de nuestra Constitución, mediante la figura de la inviolabilidad. En este escenario de indignación de muchos españoles y de indignidad para la democracia española, está surgiendo una pléyade de incondicionales juancarlistas cuya tarea es convencer a los españoles de que le deben mucho al Emérito, tanto, que esos oscuros hechos que se le atribuyen son una simple chiquillada de poca importancia frente a su “excelso” papel en la historia de la Transición. Lamentablemente para estos incondicionales, aún existe mucha gente que vivió la Transición que no acepta ese retorcimiento borbónico de la historia. Las diferentes monarquías actuales europeas se sostienen por dos principios básicos: la no injerencia en los asuntos políticos y una cierta ejemplaridad hacia sus “súbditos”. Los Borbones actuales, especialmente en el segundo principio, han fracasado estrepitosamente, lo cual hace que muchos españoles se pregunten: ¿para qué necesitamos una monarquía?
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