De Laviana a Gijón
Estimado Sr. Presidente del Principado de Asturias:
Como ciudadano nacido y residente en Oviedo, es natural que esté atento a los asuntos de mi municipio y, en concreto, a los de Oviedo, capital del Principado. Pero nunca he querido mirarme el ombligo, no me gustan los localismos y, con sentido cívico, siempre me alegré de cualquier acción política que beneficiase a Asturias o a cualquiera de sus territorios. Y digo esto porque desde hace muchos años siempre hubo un debate, muy vivo, relacionado con el cerco a Oviedo, que evidentemente guarda una correlación muy estrecha con el carácter un tanto “díscolo” de la capital, en cuanto a decisiones electorales de sus ciudadanos, que históricamente no guardan correlación, salvo algunas excepciones, con las preferencias políticas del resto de los asturianos, en su conjunto.
No pretendo confrontar ni crear debates ficticios entre “buenos” y “malos”, simplemente me atengo a los hechos, que difícilmente pueden ser refutados. En efecto, ya en tiempos del alcalde De Lorenzo se planteaba ese problema del cerco a Oviedo. Recordemos los casos del Prerrománico, un buque insignia de nuestra historia y que por sistema no recibió las atenciones debidas, y sigue sin recibirlas, mientras se dilapidaba el dinero en entes inútiles, bien representados por lo ocurrido recientemente en el Niemeyer o en esa “creación” llamada “Laboral, Ciudad de la Cultura”.
Podíamos seguir con una larga lista, de rabiosa actualidad, como el AVE, la Ronda Norte, siempre soñada y nunca empezada, o la modernización de los accesos a la ciudad por la autopista “Y”, que debieron acometerse hace ya mucho tiempo, en aras de la salud de esa joya del Prerrománico que se llama Santullano. Y por si fuera poco, ahora el municipio tiene que sortear mil obstáculos, del Gobierno regional, por falta de apoyo, y del Gobierno central, por sectarismo, que, como el perro del hortelano, ni come ni deja comer en el asunto del solar y edificios ociosos de la antigua Fábrica de Armas de Oviedo. Todo son problemas, todo impedimentos, como ocurre con el conjunto del viejo HUCA o de la plaza de toros, que tal parece que, en aras a un proteccionismo absurdo, algunos parece que prefieren que se caiga, antes que darle un uso para la ciudad y para los asturianos en general.
No sé si esto puede catalogarse como “cerco”, pero es una falta de colaboración para crear condiciones de riqueza y desarrollo a partir de lo que hay. Pero también es censurable la falta de iniciativas en aspectos relacionados con el potencial histórico y museístico de las dos fábricas de armas, la de Trubia y la de Oviedo. Y en esos dos casos, sé de qué hablo. El fondo documental de ambas está abandonado, perdido en parte, y olvidado, y no digamos las creaciones artísticas, verdaderas joyas de la tecnología que están en algún almacén desconocido o que, incluso, fueron trasladadas fuera de Oviedo, como es el caso de algunas máquinas-herramientas que están depositadas en el Museo del Ferrocarril de Gijón, algo inaudito. Es como si las baterías de Arcelor en Avilés fuesen trasladadas a Yernes y Tameza, sin ánimo de ofender.
Mire, Sr. Presidente, detesto los sectarismos y pongo como ejemplo Gijón, ciudad que por diversas razones conozco muy bien y en la que actualmente la Alcaldesa es cuestionada de “paracaidista” por el hecho de haber nacido en Oviedo. Incluso un refutado columnista de este diario, recientemente se refirió a ella como la ciudadana de Carbayonia. ¡Qué pena! Quini era de Oviedo y no sufrió esos desprecios.
Termino: difícilmente podemos construir una Asturias próspera, fomentando el enfrentamiento de unos contra otros, practicando el revanchismo. Más en concreto: no es posible construir una Asturias grande si Oviedo, como capital, es ninguneada como lo está siendo desde hace muchos años. Y lo más reciente: ¿cómo es posible tener la tentación de que “Laboral, Ciudad de la Cultura” gestione el Jacobeo, marginando a Oviedo, con todo su peso histórico en relación al Camino de Santiago? Es como si la gestión del Puerto de El Musel se encomendase a una asociación de criadores de asturcones. Esa tentación es inasumible y espero que no caiga en el error.
De Laviana a Gijón, sí, señor Barbón, pero haga parada y fonda en Oviedo (parafraseando el título de un conocido libro cuyo autor es un ilustre empresario asturiano), por el bien de todos los asturianos, por un desarrollo armonioso del Principado, en el que estén incluidos todos los ciudadanos, vivan donde vivan y voten lo que voten.
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