De cargas
En este país somos mucho de cargar, desde tiempos inmemoriales.
De cargar con yugos, uncidos por unos y otros, de cargar a derecha o izquierda dependiendo el sastre que te midiera y te diera el incómodo toque con la cinta métrica.
De cargar las tintas, porque las tintas bien que las cargamos y, ahora con lo del “clickbait”, cuando la tinta son bits y dan pasta a golpe de teclado, ratón o cursor móvil, para qué queremos más. Cuando la exageración y el desorbite rentan, aunque solo sea a nivel propagandístico, pues se nos va la pinza en lo de cargar.
Porque cargar, cargamos, que sabemos cargar con cruces y atavismos, con dogmas y catecismos de pregunta breve y respuesta casi rimada. Independientemente de lo religioso, que lo ideológico también gasta mucho de eso, quizá todo pues de todo se aprende.
Porque hay más creencia que pensamiento y hasta la duda se confunde con creencia o la creencia se intenta camuflar de duda.
Porque mucho somos de cargar, y de tanto cargar también se nos dio cargar armas, y eso no, no lo consintamos y no carguemos con el peso del plomo cainita. Protejámonos con cargas de razón, de resistencia, y no nos rindamos.
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