¿Anti-mascarilla...?
O ¿anti-vacuna?, ¿anti-sistema? Muchos sociólogos actuales previeron los problemas que iban a traer las redes, al provocar sobresaturación de información a los pueblos. Quizá representaban a los mismos que profetizaron de igual modo ante la invención de la imprenta, pero parece cierto que en la sociedad actual ya casi nadie está seguro de ninguna “verdad”, ya que circulan los mismos testimonios de personas preparadas y aparentemente fiables, bien argumentadas y prolíferamente documentadas, y hasta con respaldo de pruebas científicas que demuestran las teorías que sustentan tanto esa “verdad” como su “anti-verdad”. ¿Con qué quedarnos cuando no se trata de “opiniones opinables”, sino que está en juego, como es el caso, nuestra salud? ¿Cómo se transmite el covid-19, son buenas las mascarillas, la vacuna será definitiva para erradicarlo o será un propagador del mismo...? El que navega por internet estos meses con un poco de curiosidad sana y demandando “objetividad” –¿sigue existiendo la “verdad objetiva”...?– sabe nítidamente a qué se debe la pequeña introducción... A finales de noviembre del año pasado –creo recordar– sustituyó (al menos ese día) a mi enfermera (Marisa) una sustituta, la cual me insistió tanto en ponerme la vacuna de la gripe que por no desairarla le permití que me la pusiese... Marisa nunca me había puesto en ese brete. Aunque no era del todo reacio por mi experiencia –mi padre había pasado fuertísimas gripes una o dos veces todos los años de su vida adulta, hasta que por aquel entonces su médico, Ramón, le recomendó vacunarse, y nunca jamás tuvo gripe–; digo, veía la vacuna innecesaria, porque no he tenido gripe desde los 14 años. Me la pusieron. Tres días de sofá y cama a mediados de diciembre. Cuatro a finales de enero. Una semana bien pero que bien fastidiado a finales de febrero... Siguiendo una de las teorías mejor explicadas y contrastadas, de las que “demuestran” que “el covid-19 se nos introduce con la vacuna de la gripe” (hay “teorías bien contrastadas” –tanto como la Teoría de la Evolución, p.e.– que sostienen que el covid-19 es un resto de las vacunas infantiles que nos “protegen” de viejas enfermedades a los ciudadanos de Occidente); digo, siguiendo ese razonar erudito vía internet, un buen amigo, Luis Jesús Coucho, me argumenta “que lo mío había sido covid-19 y del bueno”. A estas alturas no sé si soy un “anti-cuerpo andante del covid” o pertenezco –por los gripazos que pasé– a un grupo de extremado riesgo... Pero tras la experiencia de la vacuna de la gripe, creo más a los anti-mascarilla –portadora seguro de virus y bacterias al primer contacto corporal–, a los anti-sistema (“es esencialmente antidemocrático que la población sea obligada a efectuar un acto de sanidad contra su voluntad”, ¿dónde queda el espíritu de la libertad para la eutanasia activa...?) y, ¿cómo no?, ¡soy anti-vacuna...! ¡Y no creo que tengan más derecho las autoridades de obligarme, cuando lo estimen oportuno, a realizar las pruebas oportunas para diagnosticar –ya que al parecer tampoco lo detectan...– del covid-19! (¡como esto da para mucho, estoy dispuesto a oír críticas y –contra mi estilo– a contestarlas...!).
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