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Ni ignorantes, ni sumisos: queremos la verdad

21 de Agosto del 2020 - Rufo Costales (Oviedo)

La web de la Seguridad Social está que echa chispas, colapsada por la avalancha de peticiones de “cita previa” para ser el primero en inocularse la vacuna anti-covid.

Los responsables del Ministerio competente, con el asesoramiento del Comité de Expertos, han decidido crear un nuevo canal para derivar este agobiante exceso de solicitudes con el nuevo nombre de “cita a ciegas”, un remanso de paz, seguridad y tranquilidad para este ejército de bienaventurados creyentes, enfervorizados adictos a las vacunas.

¿Deseas ser el primer español que se vacune contra el covid-19? No tendrás que responder después de la publicidad, sino cuando termines la lectura de esta carta, dando por supuesto que eres una persona libre e independiente, no sometida al Gobierno de turno y sus satélites propagandísticos.

Si no es tu caso, gracias por leer hasta aquí, de verdad, pero no sigas; esto no es para ti.

Avanzo: Ni negacionista, ni antivacunas, ni antimascarillas, ni siquiera anti-gobierno. Tan solo soy un “paciente” más, deseoso de esclarecer, deseoso de conocer, deseoso de creer. Y hoy por hoy, ni esclarezco, ni conozco, ni creo.

Demasiados motivos para la duda, informaciones científicas que niegan la verdad de este virus y su importancia (no su existencia); estudios que coinciden en la sonrojante prevalencia de fallecidos en mayores de 80 años; PCR que entre un 47 y un 80 por ciento dan falsos positivos; la utilidad de las mascarillas puesta en entredicho por la propia OMS, al igual que hiciera en 2009, con la gripe A, cuando recomendaba “usar mascarillas o barbijos (solamente en ambientes públicos o en cercanía a contagiados)”.

Por cierto, si hacemos una comparación entre esta pandemia y las falsas pandemias de gripe aviar de 2005, o gripe A de 2009, vemos que se dan una serie de coincidencias (de color verde, como el dólar) muy muy mosqueantes.

Idénticos síntomas: fiebre alta, tos seca recurrente, dolor de garganta, moqueo o secreción nasal, dolores en el cuerpo, dolor de cabeza, escalofríos, fatiga, dolor en los ojos, pérdida del apetito, problemas para respirar, incluso vómitos y diarrea.

Idénticas recomendaciones: evitar el contacto directo con las personas enfermas o que tengan fiebre y tos; lavarse las manos con agua tibia y jabón; no tocarse la boca, nariz y ojos; ventilar los lugares habitados; taparse la boca y la nariz al estornudar o toser con un pañuelo descartable o con el pliegue del codo; evitar los besos y dar la mano al saludarse...

Idénticos beneficiarios: los laboratorios fabricantes de las vacunas y antivirus; los comisionistas; los periodistas, los políticos, los que hacen las mascarillas; los de la vitamina C, los del bífidus activo, los fabricantes de ventiladores artificiales y pulsioxímetros, los de los pañuelos desechables, los productos de desinfección de manos...

Idénticos paganos: los estados y la ciudadanía.

Idénticos colectivos contra el terror: “Sentido común y autocontrol” en 2009 (aplaudidos); “Médicos por la verdad”, en 2020 (defenestrados).

No conocemos hasta dónde se puede tensar la cuerda con el covid-19, pero sí sabemos lo que no ha ocurrido y lo que sí ha ocurrido con la falsa y multimillonaria pandemia de la gripe A.

Mientras se libraba una gran batalla por ser los primeros en disponer de una vacuna (otra vez el dinero), el laboratorio Roche ponía en el mercado un antivírico de nombre comercial Tamiflú, bendecido por la OMS, que lo definió como “tratamiento efectivo”, y que resultó ser una de las mayores estafas de la historia, consentida por políticos, gestores, científicos, periodistas y médicos, para “contentar” el ansia de protección ante el miedo que crean los expertos de instituciones como la Organización Mundial de la Salud, que elevaron el nivel de alerta ante la posible pandemia de 2009 a seis, el máximo.

Lo cierto es que este medicamento antigripal ha sido el protagonista durante la epidemia inexistente de gripe aviar de 2005 (la OMS había pronosticado 150 millones de muertos, solo hubo 391); la pandemia de gripe A de 2009, que por suerte nunca llegó, y ahora para futuras “pandemias”, ya que solo sirve para disminuir los síntomas de la gripe medio día, y además no consigue que se reduzcan ni los ingresos hospitalarios por gripe, ni las complicaciones graves. Vaya, tan efectivo como un paracetamol. Además, se confirman sus importantes efectos secundarios: cefalea, trastornos psiquiátricos y problemas renales.

Se da la circunstancia de que la Agencia Española del Medicamento y Productos anunciaba en 2018 que los lotes de 30, 45 y 75 mg de Tamiflú habían sido desechados por haber cumplido la caducidad (prorrogada). Trescientos treinta y tres millones de euros de todos los españoles contribuyeron a hacer más ricos a traficantes de muerte.

Para nuestro “consuelo”, los EE UU gastaron en la compra de una reserva estratégica de antivirales, más de 1,3 mil millones de dólares, mientras que en el Reino Unido el Gobierno gastó casi 424 millones de libras, para una reserva de unos 40 millones de dosis.

¿Qué tenemos que pensar si hasta las autoridades que diseñan medidas, una tras otra, a veces contradictorias, se saltan esas mismas medidas? ¿Se repite la “jugada”? ¿Se trata de una conspiración o son solo conflictos de intereses, corrupción, seguidismo político y codicia? ¿No urge una “ley de claridad”? Queremos saber, quiero saber.

La confusión y la discrepancia son nuestro pan de cada día; mientras, personas conocidas, amigos y hasta familiares, aumentan la lista de fallecidos cada jornada.

Para más inri, el 31 de marzo saltaba la noticia: “Roche comienza a probar su medicamento contra el coronavirus en España”. ¡Dios! ¿De verdad quiere ser el primero?

Saludos cordiales.

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