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Reencuentro peregrino en Asturias

23 de Agosto del 2020 - Patricia Fernández Martín (Madrid)

Este año se ha elegido Asturias como uno de los principales destinos turísticos para "veranear". En época de pandemia, la región ha ofrecido la necesaria seguridad a muchos españoles por varias razones: entre ellas, la eficacia a la hora de gestionar esta crisis sanitaria, y sus ingredientes innatos de paraíso natural.

Muchos se han decantado por sus parajes, para poner a prueba su capacidad física y emprender una aventura peregrina. El Camino de la Costa, con un recorrido de 815 kilómetros que atraviesa el noroeste peninsular, a su paso por Asturias ofrece todos los ingredientes para una experiencia única. Mucho menos transitado y conocido que el Francés, adentrarse en sus bosques primitivos es como realizar un safari "a la asturiana".

¿Qué tiene de especial el Camino del Norte frente al Francés? Probablemente que, después de meses de confinamiento, encierro y estrés, uno prefiera decantarse por la lentitud y la soledad frente al ajetreo. Como si después de la quietud incorporada, uno deseara permanecer en ese estado de ensimismamiento. Y es que la naturaleza asturiana hace que te enamores al instante de ella. Tiene el poder de una pócima secreta para inundarte el corazón de pasión en un affaire que sabes que nunca te decepcionará, porque te deja el cuerpo en calma mientras la mente descansa.

En el rol de peregrino, mientras se recorre Asturias se vivencian sensaciones placenteras mientras te familiarizas de nuevo con la naturaleza. Ser un peatón con mochila a cuestas simboliza una renuncia al consumismo y una vuelta a lo esencial. Porque tienes que elegir lo mínimo para que no te pese el equipaje. Y en esa elección, como en el andar, te sientes autosuficiente y libre. La mayor preocupación o expectativa del día es llegar al destino. Solo tienes que seguir las flechas.

Tantas horas de subida y de bajada señaladas en esas flechas dan para mucho. En el compañerismo del Camino, uno se cuenta la vida y se normalizan los miedos que se comparten sin pudor. El compromiso con un "otro" a finalizar la etapa te lleva a tolerar el dolor y el sufrimiento porque están al servicio de algo: "Ser un buen compañero". Aunque también tiene algo de egoísmo, porque "si el otro cae, tú también". Esta puesta a prueba de fraternidad es un reto en esta actual pandemia. Como el reto de saber parar o conocer dónde está tu límite. Al cuerpo no se le puede forzar.

A Asturias se la ha venerado culturalmente. Son muchas las canciones, como la de Víctor Manuel, que emocionan por sus letras. Pero mientras la pateas, la sientes más real que nunca. Caminarla te deja el corazón asfixiado del esfuerzo, pero el espíritu lleno de energía y resplandor. Sus paisajes, su cielo, sus montañas y sus playas impiden que te deprimas durante su tránsito.

Como en el mejor escenario, también los extras acompañan en la función. Sorprende la cercanía de los asturianos, esa autenticidad sin maquillajes ni cinismo mientras te desean "buen camino". La humildad es compatible con el cuidado de sus hogares, de una estética y belleza impecables. Se nota que los asturianos valoran y aprecian su tierra y, por ello, se han tomado al enemigo en serio. No se ningunea con la mascarilla, ni se recurre a teorías conspiratorias ni demoniacas sobre lo que significa cumplir con las normas. El pueblo asturiano ha asumido con su ejemplaridad un liderazgo indiscutible para el resto del país. Y te preguntas cuál es la razón de que en esta región todo se haga más fácil. Probablemente, porque la sencillez sea la mejor virtud.

Enamora de Asturias esa incertidumbre que genera en cuanto al tiempo y al clima. Decidir acudir a la playa te obliga a llevar un "por si acaso" de sudadera, crema solar, paraguas... mientras te mantienes en alerta, pero a la vez sosegado ante la falta de control sobre un destino o futuro que te aguarda. La transparencia de sus aguas y el desafío al bañarse en ellas por la temperatura, y por sus olas endiabladas, divierte y relaja tras una intensa jornada.

Y esa gastronomía potente y deliciosa es la mejor forma de acabar cada etapa. Una sidrina fresca te hará olvidar las ampollas y saborear el privilegio de ser espectador de un entorno privilegiado, que no necesita la inmediatez de las redes sociales para exhibir su belleza. Esa complicidad entre tú y el paisaje asturiano se establece en la intimidad y formará parte de tus recuerdos.

Las iglesias en mitad de la nada conmocionan y recuerdan que el Camino tiene algo de "espiritual". Invitan a pararte y a reflexionar sobre lo que ha significado para ti la pandemia. Y te preguntas si de verdad eres un peregrino o has estado ejerciendo durante unos días como tal. Lo que es real es que por unos días esta tierra de emigrantes y de indianos te ha acogido, sonreído y devuelto una calma tensa para afrontar un otoño incierto.

Dice Naguib Mahfouz que "tu hogar no es donde naciste, sino que el hogar es donde todos tus intentos de escapar cesan". Terminado el Camino, y tras unas jornadas de asueto y de diversión para recargar pilas, te resistes a abandonar Asturias aunque el deber te llame, porque sabes que cuando cruces el "túnel del Negrón" lo que volverás a sentir se llamará nostalgia.

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