Moisés existe; los becerros, también
Moisés, desde la montaña, con las Tablas de la Ley a cuestas, contempló un pueblo dividido, ingobernable, arrodillado ante reyezuelos avispados...
Moisés montó en cólera. Tiró con rabia las Tablas y asumió su propia responsabilidad: absorto, allá en la gran montaña, se había olvidado del pueblo.
Los siglos han rodado. Las montañas, símbolos de poder latente, constantemente modificadas por la erosión del tiempo, siguen dominando el horizonte, diseñando el destino de muchos pueblos divididos, ingobernables y sumisos... Cada vez más sumisos.
La evolución, soberana norma de la historia, es la única que ha ido cercenando a su medida a los llamados "reyezuelos tribales", convirtiéndolos hoy en engreídos "gobernadores del ínsulas independientes".
Las Tablas unificadoras hace tiempo ya que se hicieron añicos...
Los caminos convergentes se han diluido en su propia hojarasca amasada en barro...
Ahora, dicen que la diversidad progresiva domina el devenir de la humanidad.
Los valles, asilos del pueblo llano, se secan bebiendo, en su inconsciencia, la llamada diversidad: botellones sin pan, seriales sin sonido, tiempos vacíos... Ancianidad sin reposición.
¡Moisés!, ¿dónde está?... Miles de años han recorrido la historia... Pocos "Moisés" hemos conocido... Reyezuelos, muchos y variopintos... Encapuchados, escondidos y chupópteros infinidad... Comandantes provincianos, tantos como comunidades... Hombres de Estado, como la mano, pero la realidad enterró su normalidad responsable, ahora descansan en paz.
2020, siglo XXI, el silencio comienza a gritar, sin armas, sin retaguardia, sin odio... simplemente grita contra la infinita evolución, envenenada por el pragmatismo progresista.
2020, siglo XXI, la montaña espera erguida que otro Moisés suba a recoger las Tablas de la normalidad: convivencia, lealtad, progreso, manos unidas...
Democracia, sí... Historia democrática subjetiva, no...
No olviden los falsos Moisés de turno que las tumbas están llenas de seres cuyos nombres ni siquiera pueden leerse en sus lápidas...
Los becerros de oro, ahora poderes fácticos, por desgracia para la humanidad, siguen siendo adorados por la ignorancia, por la ceguera, por el egoísmo personal...
Esperemos que vengan amaneceres llenos de sol y con ellos no un Moisés, sino muchos hombres de Estado con el espíritu de Moisés...
¡Que los dioses, que muchos respetan y otros más temen, recojan lo que queda de humanismo en esta sociedad que entre todos hemos destruido!
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

