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La descoordinación de la sanidad asturiana

24 de Agosto del 2020 - Justo Roldán (Oviedo)

Estoy convencido de que el buen periodista que es Pablo Álvarez no necesitaba para nada “meter el dedo en la llaga” al escribir un artículo en el diario donde durante muchos años ejerce y del que es un excelente conocedor de la sanidad asturiana, al haber tenido que ser un usuario del centro de salud para estar al corriente de la descoordinación que existe entre estos, los de referencia, y los centros de hospitalización.

Solo añado “por poco”, y no considero que la introducción fue completa, pues mantengo respecto a lo por él escrito algunas diferencias, que serían más añadidos que desmentidos, y más afirmaciones que meras negaciones, aunque estas sean hechas por parte de los profesionales firmantes a los que alude en el mencionado artículo en LNE, de fecha 23 de agosto.

Intentaré hacer esas salvedades reconociendo previamente que las hago a un excelente conocedor de la sanidad asturiana, como he reconocido anteriormente, y a un experto periodista, al que avalan sus años de dedicación, sus artículos, sus informaciones y hasta su bibliografía.

En mi caso, solo tengo en mi haber el haber ejercido en el sector médico-sanitario más de cuarenta años, de haber ostentado algún cargo de responsabilidad sindical, tanto a nivel local, regional o nacional, y de haber tenido la facilidad de mantener un contacto estrecho con todos los estamentos médico-sanitarios, desde el doctor Alonso Lej, hasta el doctor F. Vega, pasando por grandes profesionales de la medicina que llevaron a esta a un prestigio que tardará muchos años en recuperar.

Esto lo sabe Pablo; como sabe que la atención primaria ha aprovechado esta pandemia para sacudirse responsabilidades, que ya hace años venía “descargando” sobre los “centros especializados, cuando no en los servicios de Urgencias”, máxime en la medida que la Ley, con mayúsculas, cuestionaba las actuaciones médicas, generando en el facultativo de turno un “miedo” –tal vez racional– a tomar decisiones con resultados susceptibles de terminar en los tribunales, y casi siempre con el resultado de mala praxis. Por eso, sobraba la parte en la que se refiere a la “demanda desembocada o a un consumismo inexistente” para “justificar” una especie de “colapso” a nivel primario que nada tiene que ver con la realidad, y sí con periodos concretos.

¿No recuerda nadie las reivindicaciones añejas de los médicos de familia por la falta de tiempo que se dedicaba al paciente?, ¿es que ahora están peor? Porque si es así, ¿cómo se justifica el aumento de plantillas en todas las categorías dentro de la red sanitaria? ¿No será una mala coordinación? El responsable de la información sanitaria de LNE sabe –y me consta– y en parte lo reconoce (eso sí, me extraña que no haya sido más incisivo), que aún se sigue diagnosticando y medicando vía telefónica, y este método no ha venido para quedarse, al menos para el uso que se está haciendo en la actualidad, al sustituir la presencia del enfermo por la del auricular. Y esto, Pablo, es una anormalidad injustificada, porque no es ninguna justificación apelar al peligro del contagio del covid-19, que es lo mismo que si un militar o un bombero se negasen a afrontar los riesgos que conlleva una lucha armada o un rescate.

Otra aclaración, que al menos yo he echado de menos es la de saber si este método del “teléfono” (ah, ¡y cuando te lo cogen!) es una directiva de la Consejería de Sanidad o es una decisión de cada coordinador del centro de atención primaria en concreto. Lo digo a tenor de estas declaraciones que no tienen desperdicio y que necesitan urgente aclaración, por si esta práctica se pone de “moda”.

“... Ahora mismo, de cada diez llamadas, siete se resuelven telefónicamente. ¿Es este el modelo ideal? Para nada. Pero sí es el modelo al que se va a ir en el futuro, porque hay un porcentaje muy elevado de demandas de salud que se pueden resolver de manera no presencial”. (Salvador Tranche).

Estoy de acuerdo, en que tienen que “hilar fino”, por supuesto, ¡y tanto! ¡Saben que son la puerta a la fluidez del servicio de urgencias, o de su colapso! Y, sinceramente, después de cuarenta años, los servicios de urgencia siguen igual o peor que antes, y esto hay que decirlo, porque es –y fue– verdad. Porque todo el servicio sanitario asturiano está infrautilizado, y lo público, demasiado bien pagado, a tenor de los resultados obtenidos.

Termino rogando a Pablo Álvarez no tome estas cuatro letras como una “critica mal sana”, porque no es así; porque a cierta edad uno ya sabe, o intuye, por dónde va el “fuego amigo” y más cuando tenemos un Colegio de Médicos, sordo, mudo y “golfista”.

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