Voces y lágrimas tras las puertas
¿Quién le iba a decir al anciano, abuela, que su vida terminaría tras una puerta cerrada, donde no podría ver a sus familiares nunca más, allí horas y horas sin relacionarse con nadie donde los minutos se hacen horas y las horas días. ¿Por qué tanto castigo en la postrimería de su vida? ¿Qué daño ha hecho a la sociedad para merecer tal castigo?, verse así alejados de los seres queridos y encerrados noche y día en su habitación, sus fuerzas disminuidas viendo que sus días se acaban y que se aceleran con esa ansia que les inflige el encierro sin ninguna esperanza de respirar el aire fresco de la calle, entre cuatro paredes emparedados, encarcelados tras la puerta siempre cerrada de su celda, quizás con otra persona que se han cansado el uno del otro, la vida es más insoportable viendo que a nadie le puede venir a ver de su familia, que alguno incluso es olvidado por sus seres queridos. ¿Qué ha hecho para tan gran castigo? Pensando que le llegue primero la muerte cuanto antes, pues es una liberación de tan gran tormento. Viendo los telediarios necrológicos de la televisión suponiendo que la pueda tener en la habitación o la radio si se lo permiten, le llegan las negras noticias de los contagios de la bestia negra metida en las residencias que se ceba con los ancianos con grandes dolores y tormento espiritual y corporal. ¿Hay derecho a destino tan cruel? ¿Y me queréis proteger? ¿De qué? ¿De la vida o de la muerte?
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