Política de confrontamiento
No solo los políticos, los tertulianos, periodistas y ciudadanos en general viven la política como un “conmigo o contra mí” siempre en busca de la polémica para rebajar al rival político.
La cosa debe ir como más sana, sin faltar la crítica mutua y tampoco la fiscalización al poder, pero todo debe ser más creíble y con rasgos de seriedad. Sobre todo, debe prevalecer el sentido de Estado, teniendo en cuenta que fueron elegidos para gestionar los intereses de todos los españoles, no solo de sus votantes.
Un diputado, un ministro, un senador, un alcalde, un concejal, un presidente... cuando lo es, ya no representa solo a su partido, su ideología o a sus votantes (entre otras cosas porque no se le pregunta a cada elector la ideología que tiene a la hora de ejercer ese derecho), ustedes tienen que representar, gestionar y gobernar para todos; si no saben comprender esto, ustedes deben irse para casa.
Eso va para los que tienen el poder y también para los de la oposición. Ambos se deben respeto mutuo, ser considerados cada cual en la faceta que les asignaron los electores. Pero no, ustedes hacen política de patio de colegio, se enfurruñan y se llevan la pelota cuando no ganan. Y cuando ganan, desprecian al rival. No son deportistas: son irresponsables, caprichosos, ególatras e innecesarios.
Pocos conocí que percibiera en ellos esa sensación de respeto por el rival, que ejerciera con humildad el poder y con lealtad institucional la oposición, dos de ellos fueron Rodríguez Zapatero y Rubalcaba, capaces de cooperar con el Gobierno de Aznar cuando estaban en la oposición y ofrecer mano tendida a Rajoy cuando estaban en el poder. Es cierto, algunos se quedarán con algunos errores que también cometieron, es que Rajoy y sus compañeros se lo pusieron muy difícil. La banda de Rajoy fueron los seguidores del precursor de esa oposición de confrontación total, el Aznar del ¡váyase señor González!; Rajoy, como buen vasallo del peor señor, le copio a la perfección.
Es cierto, todos podemos caer en la tentación de aquello de: ¡Qué buenos vasallos si hubiese buen señor! No es el caso en una democracia, no hay una autoridad absoluta: ni hay señores en el sentido de la frase, ni hay vasallos.
Tomen nota, “si quieren buenos ciudadanos, sean buenos políticos”. El buen ciudadano es aquel que sabiendo exigir sus derechos cumple con los deberes y las normas que entre todos nos marcamos, de lo contrario es lo que ocurre, confrontación y paralización de presupuestos, que muchos no saben, son los raíles por donde debe caminar nuestro Estado del bienestar, seguir prorrogando e impidiendo actualizarlos, es tratar de perjudicarnos a nosotros mismos, ¡entienden esto, señores del PP! Dejen de confrontación permanente y conviértanse en hombres de Estado, los electores se lo sabrán reconocer. Más en los tiempos que estamos pasando con este condenado coronavirus. Señor Casado, sepárese de esa extrema derecha, sea responsable y crecerá como político, de lo contrario los electores quizás prefieran al original, al Abascal, algo que entonces sí sería muy perjudicial para todos.
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