Siero: En torno a dimisiones o amarres al sillón
En las últimas horas ha dimitido el consejero de Comercio de la Unión Europea. Con los esfuerzos que dicen cuesta ponerse de acuerdo entre los capitostes europeos para designar a los gestores más directos. La motivación es haber vulnerado la normativa sanitaria del virus. ¿Otro vendrá que lo haga peor..?
En abril la responsable de salud del Gobierno escocés hubo de dimitir al conocerse que viajó a una segunda residencia saltándose la cuarentena.
También en abril el ministro de salud de Nueva Zelanda fue sancionado en el cargo, en razón de similares vulneraciones del confinamiento sanitario.
En el Gobierno británico en mayo dimitió el secretario de Estado para Escocia. No fue él quien vulneró las normas sanitarias, sino el encargado de la salud: como este no renunció, lo hizo él en modo de condena. En el mismo Gobierno, un alto asesor sanitario del primer ministro dimitió por razones similares: se saltó el confinamiento para un encuentro amoroso, según los medios.
Un poco más cerca, en territorio vasco, en mayo se vio obligado a dimitir el director de Emergencias del Servicio Vasco de Salud. Se había conocido que en abril se había saltado la cuarentena para viajar a Castro Urdiales.
Y aquí el primero de mayo los medios dieron a conocer que la Policía Local de Oviedo había denunciado al alcalde Cepi por supuesta vulneración del confinamiento ("desobedecer a la autoridad competente incumpliendo el estado de alarma").
Y Cepi, obviamente, se vio obligado a dimitir. ¿Ah... que no? Cierto que Cepi está por encima de tales caxigalines de ministros y consejeros que dimiten por ser pillados vulnerando normas establecidas.
El actual alcalde de Siero no manejará tantos miles de miles de millones como el consejero de Comercio que dimitía ayer, pero al menos "sus millones" los maneja a conciencia: quitándoselos a las asociaciones, eliminado la tradicional cooperación internacional, prescribiendo los derechos humanos al fulminar el premio internacional que Siero tenía consolidado en este campo, o, como novedosa invención, quitando de en medio actividades culturales que otros concejos, vecinos o lejanos, realizan sin mayor dificultad.
Y si esa "contabilidad" especial, de retiro de recursos a necesidades sociales o culturales, la presenta como superávit... pues ahí queda, como dicharachera forma original de vulnerar el sentido de la función pública.
Así que, dimitir para qué.
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