Acoso, amenazas, y astigmatismo legislativo
A un extranjero le cuentas que la justicia española tuvo retenidos en prisión preventiva a unos titiriteros durante cinco días por una representación teatral, o que un rapero fue condenado a tres años y medio de prisión por la letra de una canción, mientras que al Rey emérito se le facilita la huida a un país en donde gobierna una monarquía de carácter feudal, para evitar su investigación, se parte de risa y fijo que pide que le cuentes otro chiste.
La justicia, tal y como Hans Giengen inmortalizara en 1543, debería ser ciega, pero en este país una de dos: o es de chiste o espía tras la venda y sufre un grave astigmatismo en el ojo derecho, porque clama al cielo que la Fiscalía intervenga, única y exclusivamente, para denunciar a quienes no se alinean en el espectro de la derecha.
Que tenga que intervenir el Tribunal Supremo para absolver a una persona por contar chistes sobre Carrero Blanco, y que este mismo tribunal rectifique su propia sentencia sobre el impuesto de las hipotecas, nos muestra una Justicia que, o carece de la imparcialidad y objetividad que se le presumen o sufre un trastorno bipolar, porque al igual que la toga no hace al juez, sus sentencias tampoco hacen justicia, lo cual nos revela un poder judicial que parece lastrado por las rémoras del franquismo.
Llevo viendo cómo año tras año, mes tras mes, ciertos "juntaletras", cual bufones de la corte conservadora, escenifican grotescas tramas de corrupción, llegando incluso a inventarse pruebas, o apropiarse de la Policía para urdir un plan contra sus rivales políticos. Podría mencionar a personajillos como Inda, Maruenda o el mismo Jiménez Losantos, el cual nunca se vio acosado por la Fiscalía pese a declarar públicamente: "Veo a Errejón, Bescansa, Maestre y si llevo 'escopeta' les disparo...".
De aquellos polvos llegan estos lodos, y después de años de persecución, instigando hasta con la policía "política" del Partido Popular, son ahora los fascistas de Vox quienes toman el relevo para continuar la persecución. El estilo de estas alimañas, salvando las distancias, asemeja el empleado por los nazis en la "Noche de los cristales rotos". Es un acoso, puro y duro, a unas personas por sus ideas, y debo hacer hincapié que en los años que llevamos de "Democracia", jamás vi semejante persecución a altos cargos del Gobierno. Por supuesto que hay derecho a reunirse, a manifestarse, a expresarse (... y aquí especifico eso de "unos más que otros", no tenemos más que ver a "los cayetanos" en plena pandemia), pero acosar durante tres meses a un vicepresidente y una ministra del Gobierno en su domicilio, mientras están de vacaciones, llegando incluso a coaccionar a un hostelero de la zona para que no les sirvieran comidas, y rematar esta escalada de acoso amenazando desde redes sociales a sus hijos, creo que cualquier jumento raquítico de entendederas podría concebirlo como un delito, si en el mismo rasero ponemos chistes, letras de canciones o representaciones teatrales.
Si ustedes, gerifaltes de la Justicia, son incapaces de aplicar la ley, para evitar que esta situación siga subiendo peldaños en esta escalada de violencia tolerada (y auspiciada), tengan el valor de retratarse públicamente y díganles a los ciudadanos: ¿creen ustedes que la justicia está actuando con objetividad? ¿Permitirían este mal llamado escrache a miembros de un gobierno presidido por fuerzas conservadoras?... Cuidado con la respuesta, puesto que en ella pueden llevar su cruz.
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