La Nueva España » Cartas de los lectores » Dios y el coronavirus

Dios y el coronavirus

2 de Septiembre del 2020 - Ana María Fernández Menéndez (Avilés)

Desde hace unos meses venimos padeciendo un mal, una enfermedad, una pandemia que se ha extendido rápidamente por todo el mundo, que es extremadamente contagiosa y que unas veces, aún no se sabe por qué, en unas personas pasa casi inadvertido y en otras reviste una gran gravedad que ocasiona incluso la muerte y que puede dejar también en ocasiones secuelas, unas veces transitorias y otras no se sabe aún si podrían ser permanentes. Es un mal que causa muerte, dolor, miedo, incertidumbre, desconfianza, angustia, paro y pobreza, entre otras cosas. Desde hace meses no se habla de otra cosa, aunque casi siempre de forma cuantitativa, en términos numéricos y de porcentajes, en una especie de matematización del problema.

No se conoce aún con certeza qué lo ha producido. Unos dicen que podría ser un arma bacteriológica, virológica según parece en este caso, creada o manipulada en laboratorios y que o bien de forma accidental o intencionada, es decir, por un sabotaje, ha salido del lugar en el que el virus estaba recluido, almacenado y controlado. Sin embargo, científicos surcoreanos que han estudiado profundamente su genoma afirman que es un producto de la naturaleza y que ha pasado primero a algún animal y de este al hombre. Hasta aquí ha llegado por ahora la ciencia, que busca con verdadero interés una solución, un medicamento, una vacuna que pueda neutralizarlo, curarlo y, si es posible, hacerlo desaparecer.

Pero también podría ser analizado este fenómeno en otros términos, pues tiene unas características que lo asemejan a lo que se ha venido denominando como una plaga bíblica, pero esto supondría creer en la existencia de Dios, en la existencia del bien y del mal, en la existencia de premios y castigos por razones morales, en la existencia del pecado como el origen de todo mal y de que Dios no es solamente amor, como se dice frecuentemente para tranquilizar conciencias, es también juez, y muy justo, que conoce perfectamente los atenuantes y agravantes de las acciones. Pero de todo esto no se habla, es un tabú en nuestra sociedad como resultado de un proceso que comenzó hacia los años setenta, primero con el agnosticismo y el escepticismo, es decir, con la duda e indiferencia sobre la existencia de Dios; de ahí se pasó al ateísmo, su negación y finalmente al satanismo, su sustitución.

Nuestra sociedad se encuentra realmente en un momento difícil y conflictivo. El grado de perversión, de corrupción, de mentira, de manipulaciones, de blasfemia, de ausencia de límites, de narrativas e interpretaciones de la realidad delirantes e irracionales, de incompetencia, de transmutación de casi todos los valores, hasta de los más evidentes, de confusión y de una ausencia total de lo que siempre se ha llamado temor de Dios era realmente alarmante. Era y aún es una sociedad sostenida e impregnada por una cultura decadente y relativista que parece haber tocado fondo y con unas actitudes de rebeldía cada vez mayores, que la han ido convirtiendo en una sociedad que la hace cada día más ingobernable.

Quienes conozcan la historia tanto sagrada como profana podrán comprobar que cuando las sociedades llegan a estos extremos siempre ha pasado algo que en parte las destruye y las transforma.

Hoy se habla de que necesitamos una "nueva normalidad" sin definir exactamente ni explicar de qué se trata. Lo que sí parece cierto es que nuestras sociedades necesitan un cambio y una transformación. El hombre no es un animal racional, como afirmó un gran filósofo anterior al cristianismo o como afirma, por consenso científico, el evolucionismo que ha dado lugar a una antropología que nos ha animalizado.

El ser humano es mucho más que eso: tiene inteligencia, tiene voluntad, tiene derecho a ser libre y a tomar sus propias decisiones y tiene también una dimensión trascendente. Ojalá que este tremendo mal que ahora padecemos nos haga reflexionar y rectificar errores y construir un mundo mucho mejor, más verdadero, más honesto, más humano, más respetuoso, más culto y también más sobrenatural.

Cartas

Número de cartas: 49798

Número de cartas en Mayo: 10

Tribunas

Número de tribunas: 2196

Número de tribunas en Abril: 2

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador