"Un kilo de versos"
El epidémico virus que nos han endilgado los chinos nos ha creado una situación verdaderamente dramática, con encierros y bozales, convirtiéndonos en un hatajo de borregos que jalea y pastorea el omnipotente Fernando Simón. ¡Toma del frasco, Ramón! Para contrarrestar y evadirnos de esta dramática situación pandémica, hemos recurrido a brujulear por la literatura alegre y humorista. Y el primer libro que encontramos, ¡aleluya!, es el titulado "Un kilo de versos", publicado en mayo de 1915, y del que es o fue autor el entonces conocido y famoso escritor y poeta Luis Fernández Valdés, un ilustre literato asturiano, de Gijón, que es historia y olvido. Este libro, que es de una continua carcajada, tuvo una segunda edición en 1948 y debería tener otra ahora para combatir, además del encierro y el bozal, a este puñetero virus por el que se están buscando vacunas por todas partes.
De este libro, "Un kilo de versos", que prologó Adeflor, un famoso periodista gijonés también de entonces, vamos a ver algunos de sus versos pero muy esquematizadamente, porque el espacio manda. Comencemos por el verso titulado la primavera: "Primavera bendita / de mis amores, / reina de los diviesos / y de las flores, / que con tiempo tan fresco, / lluvioso y crudo, / vienes a visitarnos / casi al desnudo, / a simple vista / tienes tipo acabado / de cupletista". Y sigue el verso, un tanto extenso, en tono humorista, como el titulado "El castelosangrienti", en el que el autor desarrolla la "trachedia" del barón de Chentes Mata, con una carcajeante lírica italiana. Resumiendo, este es su final: "Abre luego le balcone / y se tira en direchone / verticali sobre un peñasqui / quedando alí le barobe / como un centolli sin casqui".
Este carcajeante libro de versos es la literatura alegre y humorística que necesitamos para combatir el pajolero virus. Y si en este comentario sobre él pudiera haber algo que resultara molesto a la autoridad sanitaria que se considere, por favor, que es humor y no crítica lo que estamos haciendo ahora aquí. Y con encierro y bozales, versos o sin ellos, que pronto veamos que la pandemia comienza a ser historia. Y que todos los carpetovetónicos, sin distinciones de clases sociales ni de ideologías políticas, unidos y solidarios, consigamos resurgir de nuestras propias cenizas sociales, políticas y económicas, sobre todo de estas últimas. Porque la crisis que nos va a caer encima será tremenda y demoledora. Unidos, sí, la venceremos.
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