Otra definición del amor
Ya no sé en qué día ni en que publicación he leído una definición sobre el amor que concluía en que es algo que “no puede definirse”. Durante unos días reprimí el deseo de ofrecer otra definición por respeto hacia una idea y su sentimiento, pero me provocan los oídos, las mentes y los corazones ansiosamente necesitados de reflexión sobre un tema tan vital, como si clamaran por algo que les transmita ilusión en medio de esta guerra.
Por ser tan importante en nuestras vidas, en el desarrollo de una sociedad justa y armonizada, por ser tan excelso su cometido, por ser la esencia del ser humano, me resisto a aceptar que no pueda definirse. Lo que no tiene definición es de difícil aplicación, y lo que no se puede aplicar, ¿de qué sirve? El amor es de imprescindible aplicación o estamos abocados al más terrible de los futuros, al egoísmo descarnado, a la bestialidad y al caos.
Lo que comúnmente se llama amor es en la mayoría de los casos tan solo atracción sexual que puede o no incluir un sentimiento afectivo. No hablemos ya del amor al dinero, o del amor al poder, o a uno mismo. El amor es más que un sentimiento, es un sentido del deber, es un compromiso con el alma y una ley moral hacia el prójimo. Por amor hacia la verdad y la justicia nos investimos de valor y soportamos la desidia, el maltrato, la calumnia, la persecución y hasta la muerte. Por amor al prójimo damos la vida... amor es mucha palabra.
Propongo una definición que expresa el punto de vista de Dios, el Creador de todas las cosas, incluidos los conceptos. ¡Échenle un vistazo por favor! (la transcribo para favorecer su comodidad, por amor). “El amor es sufrido y bondadoso. El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta del daño. No se regocija por la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todas las cosas las soporta, todas las cree, todas las espera, todas las aguanta. El amor nunca falla” (1 Corintios 13:4-8).
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