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En el barrio de Salamanca en Madrid.

10 de Septiembre del 2020 - Antón Corostola (Avilés)

En el programa diario de la tarde de la televisión del exjefe del Gobierno italiano Sr. Berlusconi utilizan criterios singulares para emitir y valorar acontecimientos diversos, independientemente de la hora de emisión.

En una hora en que probablemente habría algunos niños acompañando a sus mayores, días pasados emitieron lo siguiente:

A un joven contertulio que sexualmente se identifica como homosexual (maricón en palabras de la Fiscal General del Estado) le preguntan si es “dante o tomante” y contesta que es “dante” porque padece de hemorroides.

En otra tarde y en otra hora mostraron la agresión del joven propietario de un bar-restaurante de una de las zonas “nobles” de Madrid a un cliente que obligó a la intervención de la Policía Nacional. Ocurrió en la terraza del local.

Como el joven propietario es el novio de la hija de un conocido contertulio del programa, la acción les pareció correcta, pues el cliente se lo merecía. Le propinó una buena hostia (quinta acepción de la RAE).

No conozco la razón de la protesta del cliente, pero como acompañaba a una señora vecina del edificio, con balcón sobre la terraza del bar, me imagino que estará relacionada con las molestias que ocasionaría diariamente antes del confinamiento y ahora después de la nueva normalidad. Cuando un establecimiento causa molestias a sus vecinos es porque no cumple con las normas legales que le son de aplicación. En el mismo pronunciamiento alguien contó que la señora, sin ser cantante o actriz, era muy conocida en el barrio y que seguramente sería porque era conflictiva. Ese alguien no tuvo en cuenta que es vecina desde hace 30 años y realiza una gran obra social con los necesitados.

De este tema tenemos mis vecinos y yo larga experiencia en nuestra casa de la calle de la Estación de Avilés.

Llevamos años soportando las molestias y los graves peligros que ocasionan los establecimientos bar-restaurante-sidrería del bajo comercial y del “bar con música amplificada” del sótano transformado los fines de semana, viernes, sábado y domingo, en discoteca para todas las edades y condiciones sociales. Coinciden niños, mayores y casi ancianos. Cuando ya muy entrada la madrugada, la juerga se transforma en botellón en la calle asistido por los servicios de la discoteca. La música y las voces impiden el descanso y las características del local invitan con firmeza a un grave accidente. No explico más, pues es ciertamente conocido por el Ayuntamiento a través de nuestras denuncias y por los lectores de LA NUEVA ESPAÑA a través de mi escritos y fotografías. Respetamos loa empleos que crea el negocio y los derechos del promotor, pero exigimos se cumplan las leyes para seguridad de vecinos, industriales, trabajadores y clientes y ahora no se están cumpliendo. La última denuncia presentada, el Ayuntamiento tardó un año en contestar, sin resolver nada.

Como consecuencia directa de nuestra exigencia del cumplimiento de la ley, el propietario de los locales, que no el gerente de los establecimientos, el pasado 26 de noviembre me agredió a la puerta de mi casa, 3º A, situada bajo el piso de la madre del agresor, causándome lesiones que necesitaron atención sanitaria en Urgencias del Hospital de San Agustín. Tengo 85 años y múltiples prótesis de columna. La violencia con que me agredió me pudo dejar en silla de ruedas y creo esa era su intención. El gudari cobarde se fue corriendo. A los dos días fumaba con toda desfachatez un enorme puro en una conocida terraza a nuestro lado. Mi mujer y yo le increpamos y se vio obligado a separarse.

No llevaba gorra de capitán como suele, seguro que alguien le advirtió que ni siquiera era grumete. Impulsado por el hospital y por la Policía Nacional que trasladaron denuncia al Juzgado, el 14 de octubre tendremos juicio y espero que se haga justicia para terminar con “estos chulos de barrio” que pasan por ciudadanos ejemplares ocupando cargos para los que no están capacitados por palmaria indignidad.

A quienes sufrimos las consecuencias de instalaciones no correctas de forma continuada, sin que los gestores ni el Ayuntamiento modifiquen su actitud para trabajar dentro de la ley y las normas, el paso del tiempo excita “nuestras pasiones” en justo derecho de vivir con dignidad y seguridad e insistimos en nuestras denuncias sin violencia.

Lo mismo ocurre con los propietarios de los locales y sus gerentes, cuando se les exige cumplir las leyes también se excitan “sus pasiones”, pero no actúan conforme a ley, sino a su propia ley, que es la violencia. Ejemplo tengo.

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