Asturias, ensoñación y realidad
Asturias es turismo rural y de ruta natural, tibio sol filtrándose entre las tornadizas nubes encapotadas, que acaban de sembrar orbayu y fecundidad en una tierra de vistosos coloridos.
Asturias es paisaje de lomas verdes y prados, bravas marinas cantábricas, valles muy amenos y dramáticas cumbres de orogénesis herciniana y alpina. Asturias fue Sidrón, Tito Bustillo, Candamo, carácter indómito y creador de arte parietal superior, parientes bastante estrechos de los primigenios preindoeuropeos de la Dordoña, Lascaux y la hermana Altamira. Clanes de osos cavernarios y cazadores de bisontes cantábricos, pintores de équidos asturcones que ya domarían los ástures, celtas de la Europa de la Edad del hierro, fabricantes de torques, forjadores, ganaderos y guerreros, conocedores del arado. Con deidades como Lug, Cernunnos, Taranis, Vindonnus, Belenos o Deva, Asturias formó parte del área cultural indoeuropea, con conexiones atlánticas y celtibéricas.
La adoración a manantiales, el “aconceyar” bajo la sombra protectora del texu o teixo, los robles o carbayos, dólmenes y áreas funerarias ancestrales, castros habitados ya desde el VII a.C., aportan un imaginario naturalista y panteísta. Las tierras ástures fueron las que más oro suministraron al Imperio Romano durante décadas, tras ser vencidos junto a los hermanos cántabros. Se practicó la técnica de “arrugia” o “ruina montium”, como es observable en las bercianas Médulas.
La periférica sociedad ástur se romanizó, con gentes del sur de Italia, esclavos y libertos mineros, ibéricos y galos. Surgieron termas, mosaicos, habla romance perenne, caminos practicables, una espiritualidad de lares y penates, hórreos o graneros totémicos alzados sobre pegollos y pilpayos, inscripciones y civilización de sagum, villas, quintanas, antoxanas, exvotos y aras sextianas. Asturias, que fue medio protectorado suevo pero una zona apenas visigotizada, con la resistencia cristiana al dominio total del Islam, se convierte en zona de migración goda y de expansión. El arte asturiano prerrománico será una síntesis de arte palaciego tardorromano, iglesias de sogueados de arte castreño local, soluciones eclécticas; influjo lombardo en las artes preciosas, iconostasio en Santa Cristina de Lena, urbanismo civil en Foncalada. Jerusalén celeste en Santullano. El Reino de Asturias, con Covadonga, la Cámara Santa y los reyes ástures, tiene gran entidad regional y española. Un mundo rural y legitimista de lo hispánico, lejano del lujo cordobés.
Asturias, la de chalgueiros y arcedianos, arrieros, vaqueiros y xaldos, nobles, ilustrados, boaleses y piloñeses de valor. La de gentes y próceres de mérito: Campomanes, Jovellanos, Campillo, Flórez Estrada, Melquíades Álvarez, Clarín, Manuel Llaneza, Carrillo y Torcuato Fernández Miranda. De mujeres como Gaudiosa, Adosinda, la Reina Urraca, Xuaca Bobela, Dolores Medio, Corín Tellado, Ángeles Caso, Margarita Salas. La red de centros asturianos es testimonio de la tierrina trasterrada, con una nueva emigración de increíbles talentos jóvenes en cualquier punto del planeta.
Asturias es tópicos muy típicos de regionalismo melgueru, cultura de la sidra, vino de Cangas, gaita y cachopo; historias de épica minera y esfuerzo educativo, economato, lavaderu, Quini, Fernando Alonso. El futuro de Asturias pasa por abrirse al mundo y al resto de España, desde unas raíces mimadas: pues por primera vez en la historia es posible normalizar y valorar “fechos diferenciales” positivos. Que alguno tenemos...
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