Puxa Asturias, ¡falta nos hará!
Se preguntan qué ocurrirá cuando los pensionistas, viudas y prejubilados actuales, en poco tiempo, dejen de estar. ¿Qué ocurrirá con esa Asturias verde y paraíso natural? En efecto, será más verde y en ella se encontrarán como peces en el agua las nutrias, cormoranes, osos, lobos, jabalíes y toda una serie de animalitos que conformarán la cadena perfecta para volver hacia atrás en cuanto a lugar idóneo para subsistir los humanos.
Quedarán resquicios privilegiados desde donde partirán cada fin de semana (prismáticos en mano y todoterreno), del cuarto piso de cualquiera de las pocas urbes que quedarán con un nivel de vida aceptable, a visitar los pueblos, allí donde moraron alguna vez familias enteras (padres, abuelos y niños), ya que los socios del Gobierno de Pedro, con alguna ministra suya (que por cierto me cae muy bien: Teresa Ribera), se propusieron acabar con la vida humana en los mismos.
Creo que estoy convencido de que se puede mirar por el medio ambiente, proteger el ecosistema y al mismo tiempo hacer lo mismo con las personas. Pero no, ellos tienen en mente ese galopante salvar el mundo, la capa de ozono, como si Asturias fuera causante de todo ese daño, es más, los países que estropean todo eso al 80%, todos ellos, no firmaron ese tratado de reducción de energías sucias. Pero claro, nosotros, más papistas que el Papa, a empobrecernos y morirnos de asco para salvar un mínimo 0,01% de nuestra participación en ensuciar la atmósfera.
Decía que esos socios de Pedro (que cada día me cae peor, no en lo personal, en sus promesas incumplidas, en sus discursos de quedar bien, en ver cómo nos lleva a la ruina sin pudor, todo con tal de mantenerse en el cargo... miren hasta dónde llega que está gobernando con los Presupuestos de Montoro de hace tres años) tienen solo un discurso, son moscas cojoneras (Irene, Pablo, Rufián y compañía), querían la igualdad y a fe que nos llevan a ella: todos pobres.
Luego tenemos a Teresa Ribera, gran persona, pero terca como una mula en lo suyo, en hacernos vivir en un mundo idílico donde no tengan cabida las energías sucias, donde todo sea perfecto para vida animal, menos para la del hombre; no exenta de razones, pero debiera ser ministra de Transición Ecológica en China, Rusia, Brasil, EE UU, India, Japón... allí donde causan el verdadero problema medioambiental. Me gustaría verla allí convenciendo a esos países de que hay que empobrecerse, cerrar toda industria sucia y volver al principio de la humanidad. Mientras, lo curioso es que ella y ellos no renuncian a vivir en urbes, no con los bichos salvajes que protegen (esos, para visitarlos de domingo con los retoños); tampoco dejan de viajar en avión, transporte sucio por antonomasia; usan aire acondicionado y calefacción, además de comerse buenos filetes, lechugas y quesos elaborados con la dificultad añadida de pelear los ganaderos, queseros y agricultores contra las masificaciones sin límite y control de osos, lobos, jabalíes..., que les hacen la vida imposible, y pronto tendrán que dejar esos pueblos y esas industrias básicas para el sostenimiento de ellos, de sus familias y del resto que degusta de productos con denominación de origen, pero tenderán a desaparecer si no cambiamos de estrategia.
Asturias ya no puxa, después de casi un siglo de ser motor de este país energéticamente, ahora se la arrincona, se le reserva un futuro muy incierto. Como todo lo que hace Pedro y su Gobierno, los anteriores peor aún, cierran industrias y no son capaces de reindustrializar nada, lo dejan todo al destino y la ruina del lugar.
Decía Ruggeri de Argentina: "Desde siempre vengo escuchando los mismos discursos de los políticos, hay que acabar con la pobreza; pues cada remesa que llega a los parlamentos se encuentra con más pobres, los anteriores no han solucionado nada", bueno sí, han arreglado su vida, se les ve pronto en Mercedes, casoplones y con pensiones vitalicias.
El destino de Asturias está marcado por la presión que este Gobierno haga sobre el de Madrid. Dejar hacer es dejar Asturias cada vez con más dificultad para vivir en ella. De tres hijos, dos han tenido que salir fuera a ganarse la vida, uno de ellos en un país como Colombia, con innumerables problemas, pero que acoge a nuestros hijos con una lección de humanidad y grandeza que para nosotros quisiéramos. Aquí solo queda sitio para pensionistas y políticos.
Espero que Teresa Ribera me perdone esta crítica, es cierto, me cae muy bien. Un abrazo.
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