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Sobre las funciones económicas y sociales que cumple la caza social en Asturias

10 de Septiembre del 2020 - Eduardo Bros Martínez (Oviedo)

La función que ejerce la caza se puede describir en varias versiones. De entre todas ellas resulta interesante destacar el amplio sentido socioeconómico que imprime su actividad a todas las cuestiones con las que está relacionada. No obstante, esta realidad objetiva, sin embargo, hay quienes, desde una posición inexcusable para entenderla y aceptarla, están empeñados en negar de continuo la envergadura de este legado.

Es indudable que la caza ha conseguido sobreponerse a muchos inconvenientes y rigores. Después de un duro y largo proceso, ha logrado el objetivo de hacerse cada vez más expansiva, penetrante y permanente en un mundo cinegético antaño dominado por miembros de clases acomodadas y poderosos que ejercían el derecho a cazar únicamente para sí. En esa línea argumental, ha tenido notable transcendencia el desarrollo de un profundo y tenaz movimiento como forma de oposición a una caza jerarquizada en tiempos pasados, a fin de evitar lo que podría ser una prolongación indefinida de este injusto nivel de desigualdad.

Lo cierto es que la caza ha experimentado un cambio sustancial en la valoración y aprovechamiento de los recursos de que dispone. Ha conseguido ser más eficaz, sensata y racional. Administra de forma concentrada y equitativa su capital acumulado para dotarse de soluciones duraderas. Ha obtenido el logro de hacerse compatible con la conservación del medio natural después de un exacerbado hostigamiento a que ha sido sometida, y continúa..., por los que se han dejado llevar por un discurso doctrinario, que buscaban contra toda lógica tumbar o desmitificar una verdad que no pueden desconocer, como es la posición de liderazgo que ostenta la caza, cuando desarrolla en la práctica los fundamentos conservacionistas protectores sobre las especies cinegéticas y fauna silvestre asociada.

Pero es que, además, la caza deportiva tiene el componente de ser un factor de apoyo a la economía española; los datos estadísticos señalan la existencia de un importante tejido empresarial local, comarcal y nacional, que se mueve bajo la influencia del fuerte movimiento que la caza imprime a su actividad. España es un activo seguro para el turismo cinegético internacional, tiene orden y estatura suficiente entre los de su competencia, ofreciendo gran abundancia de atrayentes ofertas para el aficionado, lo cual tiene el significado de ser un agente creador de riqueza y empleo para el mundo rural al que tan sumamente se encuentra unida con fuertes lazos de convivencia en grado de reciproca afectividad y solidaridad muy reconocidos por los dos sectores.

Realmente, ¿cuál sería la alternativa al arte de la caza en tiempos de altísima demografía jabalinera como los actuales, auténtico quid de la cuestión, si es que existe alguna tan representativa y eficaz como ella para contener y sostener el expansionismo y colonización de espacios naturales por esta especie salvaje tan prolija en reproducirse en cualquier ambiente, incluso en las peores condiciones? Las medidas disuasorias de presión sobre este animal que el Ejecutivo ha desplegado en algunas áreas de seguridad necesitan de continuidad en razón a una renovada densidad que ha de producirse del suido en cuestión, han resultado ser transitorias al no haber continuidad, puesto que todo ha vuelto a la normalidad. Es decir, el jabalí se está recuperando de las bajas que fuera de la caza le han producido.

Cazar tradicionalmente como se hace en Asturias es de entender suponga un alivio en plan ahorro para las arcas del Principado, por lo que deja de gastar e invertir en este capítulo, teniendo en cuenta que el coste superior de gestión corre por cuenta de la caza social representada por sus organizaciones (sociedades locales de caza) que son quienes gestionan por adjudicación del Gobierno del Principado, mediante concurso público, la gran mayoría de los terrenos de caza existentes en la superficie de nuestra comunidad.

El resumen de lo anterior es que un descenso o pérdida global de la actividad cinegética, independientemente del perjuicio tan enorme que produciría en la naturaleza con respecto a su fauna, sería la consecuencia lógica de un efecto arrastre hacia una caída de la demanda en diversos negocios y, con una rebaja o desplome de ingresos, un deterioro inmediato del margen monetario, ya de por sí exiguo, de pequeñas industrias, dificultando o imposibilitando la generación de rentas complementarias y salarios fijos. El hecho en sí, desde la vista de un ciudadano-cazador, prohibir la caza, no deja de ser un absurdo que quieren situar ideólogos del pensamiento animalistas por encima de la razón y de la ciencia.

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