Inseparablemente unido al mar
Hace algo más de veinte años hice algo que hoy está prohibido. Encaramado a unas rocas que se adentraban en el mar, lancé las cenizas de un cadáver que, centelleando al sol de un dorado ocaso, acabaron fundiéndose en la espuma de unas olas siempre amadas, amadas por mí y amadas por ella. Ella quiso recogerse en el mar, guardarse en el mar, y siempre supo que allí estaré yo para retomarla de nuevo.
Año tras año, acudo a la cita; si es en verano, apenas puedo concentrar mi recuerdo entre el trasiego de los veraneantes, pero sé que llegado el momento ella asomará en la última ola y me ofrecerá su mano, yo la envolveré en una sábana nueva y la amaré de nuevo, esta vez para siempre. Claro, esto no va a suceder un verano cualquiera, o un otoño; será después de lo que comúnmente conocemos como juicio final, en su fase de resurrección. "Y el mar entregó los muertos que había en él, y la muerte y el Hades (sepultura común en griego) entregaron los muertos que había en ellos, y fueron juzgados individualmente según sus hechos. Y la muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esto significa la muerte segunda: el lago de fuego. Además, cualquiera a quien no se halló escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego" (Apocalipsis 20:13-15).
No se trata de un lugar de tormento eterno -tal crueldad no es propia de un Dios de amor- sino de un lugar simbólico de muerte definitiva sin posibilidad de resurrección. "La gente inicua se volverá al Seol (sepultura común en hebreo, hades en griego e infernus en latín), aun todas las naciones que se olvidan de Dios. Porque no siempre será olvidado el pobre, ni perecerá jamás la esperanza de los mansos" (Salmos 9:17,18)
Dios hizo la Tierra para su nueva creación: el ser humano, y así será, porque nada puede torcer su propósito. Los que no tienen la culpa de haber recibido una herencia de muerte de parte de Adán, tendrán la oportunidad de decidir si van a aceptar que Dios decida lo que está bien o lo que está mal y... alcanzar el fruto del árbol de la vida.
Yo quiero compartir hoy la esperanza de recuperar a los recuperables con todos los que pensáis que sí hay recuperables entre los humanos que habéis conocido, merecedores de otra oportunidad, seres valiosos, verdaderos, capaces de colaborar en un mundo nuevo, un mundo de obediencia a la justicia y a la verdad, un mundo de personas mansas, pacíficas y honorables. Un mundo de amor.
"Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: "¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. Y limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado. Y Aquel que estaba sentado en el trono dijo: "¡Mira!, voy a hacer nuevas todas las cosas". También, dice: "Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas". Y me dijo: "¡Han acontecido! Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. A cualquiera que tenga sed le daré de la fuente del agua de la vida gratis. Cualquiera que venza heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo. Pero en cuanto a los cobardes y los que no tienen fe y los que son repugnantes en su suciedad, y asesinos y fornicadores y los que practican espiritismo, e idólatras y todos los mentirosos, su porción será en el lago que arde con fuego y azufre. Esto significa la muerte segunda". (Apocalipsis 21:3-8)
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