Un programa ejemplar
Hace quince años asesinaron a Luciano Romero Molina y este fin de semana cumple veinte años el Programa Asturiano de Atención a Víctimas de la Violencia en Colombia, que ha logrado acoger en refugio temporal en Gijón a 125 personas perseguidas a muerte por defender valores universalmente reconocidos, como el derecho a la vida, la paz y los derechos humanos.
Por su trayectoria, este programa es de referencia en España y en Europa. Está gestionado por la asociación local Soldepaz Pachakuti y se complementa desde hace diez y seis años con visitas anuales al terreno para verificar el estado de los derechos humanos. Este año pudimos constatar que Colombia sigue sumida en el conflicto armado interno porque el Gobierno de Iván Duque se niega a cumplir los acuerdos de paz firmados por el Estado con las FARC, además se niega a dialogar con el ELN y ha permitido la proliferación de los grupos paramilitares que ejecutan de manera sistemática e impune un plan de exterminio de la dirigencia social en el que hay responsabilidad de la fuerza pública. Con el Gobierno de Duque volvió el terror vivido durante los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez: el asesinato de medio millar de líderes sociales, más de cincuenta masacres este año, miles de campesinos e indígenas desplazados en los últimos meses, se extendió el abuso de la fuerza, la brutalidad policial, que hoy tiene en llamas las estaciones policiales en Bogotá y en otras ciudades. El panorama tiende a agravarse con la presencia masiva e ilegal de tropas del ejército de los Estados Unidos que, con la excusa de combatir el narcotráfico, amenazan con extender el conflicto interno colombiano a Venezuela, convirtiéndolo en una guerra regional que pone en peligro la soberanía y la vida de los países de Centroamérica y del área andino-amazónica.
Las masacres de estos días en Colombia son una retaliación por el llamado a juicio y la orden de detención domiciliaria emitida por la Corte Suprema de Justicia contra el expresidente Uribe Vélez por fraude procesal y por otros delitos más graves que estaban en investigación en esa instancia y que fueron calificados -desde mayo del 2018- como crímenes que no prescriben por ser de lesa humanidad, como las masacres de El Aro, San Roque, La Granja y el homicidio del defensor de derechos humanos Jesús María Valle. Que procesen a este expresidente por delitos tan graves abre un resquicio de esperanza en la larga lucha contra la impunidad.
El régimen de acumulación por despojo está destrozando a nuestra Colombia. El ansia infinita del gran empresariado por apoderarse de los territorios tiene un aliado en el enorme poder corruptor y en la violencia de las mafias del narcotráfico. A eso se le suma la impunidad estructural y tenemos un sistema excluyente en lo económico-social, un caldo de cultivo para que las diversas violencias -incluidas las del Estado y su estrategia paramilitar- sigan arrasando comunidades y territorios.
En Colombia se sobrevive en el intervalo que hay entre una guerra que no termina de morir y una paz que no termina de nacer. Seguimos luchando a pesar del peligro, enfrentando el trato que nos dispensan de pueblos estorbo, de seres humanos sobrantes para los negocios de las transnacionales. Muchas personas y organizaciones sociales de Asturias y de Europa nos acompañan en ese propósito humanitario, internacionalista, de defender la vida, los derechos humanos, la paz, el medio ambiente, la pervivencia de los pueblos en sus territorios. Esas son las bases que permitieron crear este programa del que puede sentirse orgullosa la ciudad, las instituciones y las buenas gentes asturianas, para quienes va nuestro reconocimiento y gratitud.
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