Reflexiones 2
Igual que no debiera un maestro darse por ofendido por un discípulo, tampoco debiera un alumno darse por aludido como maestro, pues confirmaría su dificultad para graduarse y su vanidad. El buen maestro goza de la virtud de la paciencia, y así, sabe esperar a ser reconocido como tal para impartir su lección con la seguridad de no ser tratado e ignorado por impostor. Dándose por aludido sin ser reconocido, corre el riesgo de ser tratado para que le impartan lección dándoselas de maestros.
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