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El sueño de una noche de verano

13 de Septiembre del 2020 - Mercedes Cavestany Bastida (Gijón)

No me atrevería yo a decir música, maestro, o que siga la orquesta, no me atrevería a poner flores en el balcón aunque la música fuese de palmas y el ambiente suave como un río que bajase por sus aguas y fuese el Danubio Azul, nuestra canción es triste y desgarrada... ¿y aún se ufana?

No seré yo la que diga música, maestro, que el mundo debe ser silencio y ni la melodía ambiental nos podría consolar de un mundo en quiebra y un viento frío y acorchado como un monstruo de cuatro cabezas desconocido.

Se oye el sonido de un día sin pan y pena. Ser o no ser, he aquí la pregunta universal que nadie contesta pues el mundo va por sí mismo, en un radio de acción y sentimientos tal vez humanos.

No seré yo la que diga música, maestro, en un momento tan atropellado, quedaré callada y expectante ante los dioses voluntariosos e implacables que se alimentan del miedo al miedo y de la música ambiente de la tarde. Tal vez "Las cuatro estaciones" de Vivaldi nos pudiesen resucitar de tanta avaricia y menosprecio del enemigo, los balcones repletos de gorriones o las luces del alba.

No me atrevería yo a decir música, maestro, porque quizá solo se oye un sonido del Danubio y así ambientalmente oímos cantar en los balcones.

No sería yo la que mandase tocar a la orquesta y los ánimos se restablecieran contestando la pregunta universal que aún se desconoce.

Todo es rutinario, pero algún día se volverá a crear el mundo y a creer en una persona que lo haga distinto, una sola, pero no seré yo la que diga que siga la orquesta…

El aroma es dulce en el mar de noche, hierbajos que se pudren, no quedará mi voz. En la noche oscura me dormiré soñando que ya pasa un año.

No se marchitará el aroma, las palmas batirán sus hojas, pero no seré yo la que mande a las olas que se fusionen unas con otras y que todo siga, música ambiental en los balcones y terrazas violetas o alhelíes, hierbajos que nadie recoge esperando otra primavera.

No seré yo la que turbe la esperanza de que vuelvan las aguas a su cauce, que las margaritas fueran mis flores de fiesta o que los músicos hayan depuesto la batuta.

Pensamos, luego existimos, sin saber las respuestas, soñamos en recuperar lo que fue nuestro un día no muy lejano.

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