José Antonio Lobato, in memoriam
Me amanecí
Hoy me amaneció el silencio,
el silencio atroz que me acompaña,
el silencio atroz que acalló la voz de un cómico.
Voz de quinta galería
de cualquier mina,
de palacios de la intriga,
de los celos y lo trágico
del tiempo de algún ministerio,
voz de Rey,
de saltimbanqui,
juglar y bufón en pasacalles,
el arte y la memoria en la que habitas.
Hoy me amaneció la ausencia,
de las ausencias que son abismos
cuando la presencia fue siempre tanta,
impecable, incontestable de honesta,
de bonhomía de andante por carreteras de la legua,
tan hidalgo como escudero.
Breve tiempo compartimos,
breve tiempo de territorios comunes,
libros y salas de espera,
malditas salas de espera,
el peor escenario que nadie nunca quisiera.
Hoy me amaneció el desgarro
el desgarro de un telón
por el que hace mutis un hombre entero,
cabeza alta y gesto serio
con la galanura de los grandes,
con la sonrisa en los ojos
que solo tienen los buenos.
Lobo joven,
lobo fiero.
Hoy me amaneció el dolor
y los momentos.
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