Arboricidio en Nava
Soy profesora de Biología y Geología en el IES Peñamayor de Nava desde el curso 2002-03. El pasado viernes 11 de septiembre me llevé un gran disgusto al comprobar que habían talado todos los avellanos y el roble americano que habitaban el talud lindero con el instituto. Además, los operarios del Ayuntamiento también cortaron varios árboles de más de treinta años en la zona limítrofe con las canchas deportivas del centro de Primaria, colindante con nuestro IES, y otros muchos en las proximidades del polideportivo próximo a ambos centros educativos. ¡Más madera!
Los árboles, aparte de proporcionar oxígeno, aportaban frutos y refugio a multitud de pequeños animalillos y embellecían un entorno carente de interés monumental. Ahora recuerda una escena de la serie “Chernóbil”, la devastación. El paisaje actual se muestra adornado por un tubo de plástico azul que asoma en el talud y un par de postes que sostienen una amplia colección de cables de diferente grosor que cuelgan sobre los tocones expuestos a modo de cadáveres.
Desde las ventanas de las aulas orientadas hacia el talud, veíamos el paso de las estaciones en el brotar de las hojas y su cambio de coloración, cuando la clorofila verde daba paso a los carotenos amarillentos y rojizos en el otoño, observábamos el trajín de las aves mientras construían sus nidos y los raitanes hacían notar su presencia con sus trinos de reclamo. La lluvia caía tamizada por el dosel vegetal, protector de la erosión del escaso suelo y las cada vez más esporádicas nevadas aportaban una gélida elegancia al conjunto arbóreo. Era una clase interactiva sin necesidad de conexión wifi, ecología en vivo y en directo.
Se da la circunstancia de que el 28 de junio del presente año falleció un entrañable maestro naveto que plantó algunos de los árboles talados. Macabro homenaje.
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