¡Carta a los papás!
¡Queremos ir a clase! Sí, papa; sí, mama, quiero ver a mis amigos, quiero seguir con mi educación y con mi formación: quiero, aprender a ser yo mismo; a cuidarme yo mismo; a disfrutar yo mismo; y a dejar de depender de vosotros, de los profesores, de los expertos, de mi médico, y hasta de mi tableta. Quiero ser yo el que me enfrente a todos esos “peligros” que decís que existen y que ahora son más evidentes. Lo dice la TV, porque, aunque no la vea, la oigo. Lo comentan vuestros amigos, mis abuelos, mis hermanos y mis tíos. Pero yo sigo confiando en vosotros; sigo acurrucado a vuestro lado, porque sé que sois la única defensa contra el “peligro” de la calle. ¿Verdad que este virus no es el único del que nos aconsejáis nos prevengamos? Claro que no; son muchos más los peligros que nos acechan fuera del refugio hogareño y, sin embargo, hacemos todo cuanto nos indicáis para evitarlo. Pero no siempre se evita ¿Verdad, papa? ¿Verdad, mama?
Mirad, estos son peligros físicos. Y hacéis muy bien en darnos indicaciones, para protegernos. ¿Pero sabéis? Hay otros “daños” que son más fuertes que una inyección a la que tanto miedo tenemos, y es cuando discutís. Es cuando os faltáis al respeto, ese que decís que hay que tener para con los mayores. ¡Cuando nos da que pensar! ¡Cuántas dudas nos asaltan, porque queremos tener siempre a papa y mama! ¿somos egoístas? ¡igual! Pero es que yo veo cómo los adultos, hasta mis abuelos, lloran porque se han ido al Cielo –es lo que me dicen mis abuelos– sus papás o alguno de ellos. Y yo quiero que estéis siempre conmigo. Quiero que me sigáis enseñando a cuidarme, no solo de este virus, sino de ese otro, que mata el Alma, y que yo entiendo, es aquel que no es físico, ni se alivia con ningún gel, pero que no nos deja dormir.
Pues si lo que os cuento en esta carta (que me ha ayudado mi abuelo a redactarla) es lo que pienso, porque así se lo he dicho, no tengáis tanta preocupación porque volvamos al colegio. Es como la gripe, la cojamos o no ¡depende! Y si por cualquier circunstancia, ajena a todos cuantos nos cuidan, somos positivos (lo dice mi abuelo), pues nos quedamos en casa; y nos quedamos sabiendo que el resto del cole... lo están pasando bien. Están volviendo a formar el equipo de fútbol –en mi caso– ganador. Estamos contándonos mutuamente nuestras cosas... cosas de nuestra edad y que son insustituibles por ningún juego online, por muchas pantallas que pasemos, y ya volveremos ¡cuántas veces el sarampión, la rubeola, el catarro, la gripe, etc., etc., nos ha dejado en casa!
Ponerse en el pensamiento de un niño –digamos de 10 años– no es tarea fácil para un adulto como yo. Pero así y con todo, habiendo observado a quienes hoy tienen esa edad, creo poder afirmar sin pocas equivocaciones que una hipotética carta de estos a sus padres sería más o menos así:
A veces dice mi abuelito que hemos corrido más peligro físico que con este covid-19... ¿Igual tiene razón?, ¿porque cuántas cosas hemos hecho que, si hubieran salido mal, os habrían disgustado y preocupado mucho más? Seguro que muchas: uno por nuestra edad, y otro por la edad de los mayores, que también lo hacen mal.
¡Vamos a clase, mama...! ¡Vamos a clase, papa! Ya verás cómo no pasa nada que no haya podido pasar antes. Y como dice mi abuelito –igual es verdad– que todos tenemos un “angelito” que vela por nosotros. ¡Igual es verdad, porque el abuelo es mayor, pero es más positivo que muchos, y siempre nos manda confiar en lo mismo que mis bisabuelos le mandaban confiar a él!
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

