Cinco segundos
Se necesita un minuto para conseguir que una persona vuelva a su casa deseando no haber salido. Este objetivo se puede alcanzar en cinco segundos, solo se debe mirar a esa persona. No con una mirada cualquiera, claro está, sino con una mirada cargada de esas cosas que hacen estremecerse hasta al menos pudoroso. Algo lascivo, lo suficiente como para que la otra persona lo note, pero sutil, lo justo para que el resto de la gente lo ignore. Lo más probable es que el otro sujeto se ponga tan nervioso que no se atreva a hablar, preferirá ignorar esa mirada u optará por cruzarse de brazos. Este vistazo resalta las carencias de nuestro sistema, el mismo que le da la suficiente confianza a alguien como para mirar a otro de tal manera que logre hacerle sentir sucio, que incluso llegue a culpabilizarse a sí mismo por haber decidido tomar ese camino, haberse puesto esa ropa o por no haber sido capaz de articular palabra. ¿Qué alternativa queda?¿Por qué cada vez que sale una mujer a la calle tiene que hacerlo con miedo, como si estuviese haciendo algo que no le corresponde?
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