El abrazo aristocrático
Los escandalosos casos protagonizados por Juan Carlos que se están conociendo gracias a la Fiscalía suiza, dada la impunidad que le amparaba en España debido al artículo 56.3 de la Constitución, donde se le declaraba inviolable de una forma genérica, merecen ser analizados esta vez, no tanto por el comportamiento ético del sujeto, claramente mejorable, sino sobre todo por la actitud mantenida, hasta no hace mucho tiempo, por una gran mayoría de la clase dirigente española. Soslayando la falacia de que criticar los actos de Juan Carlos es atacar la Constitución y la democracia en España, como defienden algunos, lo cual indica su imperceptible nivel intelectual y sabiendo, como se sabe ahora, que esa clase dirigente española estuvo al corriente de esos escándalos y no dijeron nada, solo caben dos explicaciones al respecto: La primera, una complicidad que les beneficiaba sustanciosamente, también a ellos, de todo ese comportamiento presuntamente delictivo del Emérito. La segunda, que fueron abducidos por lo que se conoce como “El abrazo aristocrático”, que es un comportamiento servil ante una figura de superior poder o rango por el simple hecho de que esta se digne a recibirlos e incluso mostrarles una cierta cercanía personal, algo muy característico en Juan Carlos, de ahí el sobrenombre de campechano con el que también se le conoce.
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